Un país perseverante

En artículos anteriores hemos hecho remembranza de un título, utilizado para poner de relieve que este país se encuentra al revés, porque no sabemos si vamos o venimos, la Semana Santa es zángana, es violenta, es un culto a la muerte.
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La indiferencia y nulo sentido de pertenencia transitan de la mano. Muchos parecieran que están vivos porque no les han dicho que están muertos. ¿Cómo estás? Y contestan más o menos. No saben ni siquiera cómo están. Jugamos mejor fútbol descalzos que con zapatos. Con zapatos y sin zapatos ese es el deporte al que le hemos apostado sin resultados satisfactorios, jugamos bien pero perdemos.

¿Qué le pasó a este país? Antes de los ochenta parecía tener porvenir, hasta ganamos un campeonato de baloncesto a nivel panamericano. La tierra era aprovechada efectivamente, su mano de obra era laboriosa y nuestro balance comercial era aceptable. Estábamos dolarizados y nuestra mano de obra era productiva al menos a fines de los setenta y el capital se veía atraído a invertir en el territorio salvadoreño.

“El país de la eterna sonrisa” nos dijeron en un concurso de Miss Universo celebrado en el país. Y es que se llevaba buen viento y navegábamos a toda vela en la ruta del progreso, café con buen precio, incursionando en maquila ligera con planes de hacerlo también en maquinaria liviana, con política monetaria, crediticia y cambiaria coincidente con una política fiscal eficaz y prudente; hasta superávit existía. Se viajaba a Estados Unidos de paseo, no para quedarse.

Se exportaban bienes, no personas. Se encontraba mano de obra especializada en la calle, no ladrones, para arreglos caseros, especializados en el oficio y diligentes. San Salvador era tranquilo y transitable de día, de noche y hasta en la madrugada. ¿Qué nos pasó? Nos cayó leche de sapo, como dirían nuestro padres haciendo un parangón de lo que les pasa a ciertos animales caseros cuando un sapo les echa ese líquido viscoso de fatales consecuencias para el receptor. ¿Qué le pasó a este niño que era tan bonito cuando era más pequeño? “Le cayó leche de sapo” –se afirmaba.

El presente. Endeudados, improductivos, incultos, violentos, inviables, default, fallidos y hasta la humilde y famosa selecta de playa que no necesita zapatos, ni grandes estadios, ni exuberantes salarios, como en el Viejo Continente, y se constituía en nuestro último bastión para ganar en algo, perdió.

Al fin se conocieron los resultados de las elecciones para diputados y alcaldes y el escenario próximo futuro en el Poder Legislativo. Y hablando precisamente “de poder, este pareciera dividido tomando en cuenta las alianzas y las componendas a la que los “padres de la patria” nos tienen acostumbrados. Pasaron unas largas vacaciones y lo único que nos queda a los comunes ciudadanos, que todavía Dios nos ha dado fuerzas para laborar, es pagar nuestros respectivos impuestos y pertenecer a esa fracción no política que deseamos vehemente la paz y la prosperidad colectiva.

“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que tú vayas”. Josué 1:8. Esta Semana Santa me sirvió para reflexionar y meditar en casa. Hay que perseverar. No hay que desanimarse. Los males que nos llegan son el resultado de acciones equivocadas de todos, los responsables son generaciones. Unos por hacer y otros por dejar hacer y dejar pasar.

Buen ciudadano, no te desanimes, no te detengas, sigue caminando, levanta la cabeza, aunque las nubes temporalmente tapen el cielo, este volverá a brillar.

Tags:

  • semana santa
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