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Un país que se muere en el pasado

Más de algún autor o periodista ha afirmado que Latinoamérica no progresa como debería porque vive constantemente recordando su pasado. Está entrampado en el ayer. Investiga sus antepasados y como resultado descubre lo que ya pasó. Ese quehacer sin desprenderse de la costumbre nos impide trabajar con visión de futuro.

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Rafael Rodríguez Loucel / Decano de la Facultad de Maestrías, UTEC

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Los habitantes de El Salvador sobreviven recordando el ayer. Un gran futbolista del pasado y más nada. No hay nuevos héroes, tampoco líderes. Consumiendo la invención de otros habitantes del planeta, sin creatividad alguna. Subsistiendo del esfuerzo de los que decidieron emprender la aventura de aspirar a una vida digna, huyendo de su origen que no les ofrecía un futuro. País donde impera un nivel de consumo que supera su producción, porque prevalece la imitación con una nula inventiva.

Maneja y opera con agilidad pasmosa la última creación del innovador extranjero, sin invención para ser internamente más productivo. “Consume y use lo que el país produce” no pasó de ser un eslogan del lejano pasado. El Salvador es una sociedad de consumo que vive entrampada, no innova, no crea nada, vive politizada y con pesadillas de fraude electoral; y otra vez una nueva campaña electorera que ofrece una ensalada de candidatos jóvenes y otros pasaditos de años que desean continuar viviendo del esfuerzo de tributantes disciplinados.

Lo mismo del año pasado, como decía el bolito en una iglesia de pueblo en Semana Santa al escuchar el sermón del día jueves. Efectivamente, vuelven las vallas con caras conocidas, pero también algunas nuevas, ofreciendo un cambio y el inicio de un nuevo país; “lo mismo de la campaña anterior”. Y es que por años los políticos han prometido alterar el rumbo en búsqueda de un nuevo país con menos subdesarrollo, con mayor ingreso per cápita, mejores niveles de salud y educación; más seguridad también, pero en definitiva promesas incumplidas.

Todo ha sido del diente al labio y la mayoría de la población se muestra harta de tanta promesa que contrasta con la realidad social y cultural deprimente, después de más de ocho décadas de observar promesas no cumplidas. En otros países de la región centroamericana y en la década que transcurre se observan crecimientos del producto que superan el 3 %, crecimiento porcentual que en El Salvador no se logra en varios años.

El Salvador acumula una deuda pública adquirida por los gobiernos que representan a dos de los partidos con más poder de convocatoria en la actualidad, deuda que pagarán las siguientes generaciones, por un saldo que se acumula, debido a la insuficiencia del ingreso nacional generado por las promesas incumplidas; definitivamente El Salvador es un país que no emigró del pasado.

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