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Un país que se muere en el pasado

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Rafael Rodríguez Loucel / Decano de la Facultad de Maestrías, UTEC

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Este tema ya fue abordado anteriormente, pero es que el país sigue igual. No avanza, se estanca y en muchos aspectos hasta retrocede. Más de algún escritor o periodista ha afirmado que existen sociedades que no progresan como deberían, porque viven constantemente recordando su pasado. Están entrampadas en el ayer. Investigan sus antepasados y como resultado descubren lo que ya pasó. Ese quehacer, sin desprenderse de la costumbre, nos impide trabajar con visión de futuro. No hay legado.

Los habitantes de El Salvador, en una gran mayoría, sobreviven recordando el ayer. Sin creatividad alguna para producir. No hay héroes, tampoco líderes. Se consume la invención de otros habitantes del planeta que se observa en todos los aparatos e instrumentos creados en el resto del mundo, en ese imán moderno creado en el mundo desarrollado. Subsistiendo en gran parte del esfuerzo de los parientes que decidieron emprender la aventura de aspirar a una vida digna, huyendo de su origen que no les ofrecía un futuro. País donde impera un nivel de consumo que supera su producción, porque prevalece la imitación con una nula inventiva.

Opera con agilidad pasmosa la última creación del innovador extranjero. Es una sociedad de consumo que vive entrampada, no innova, no crea nada, vive politizada y con pesadillas de fraude electoral; otra vez una campaña electorera que ofrece un menú de candidatos relativamente jóvenes, que desean continuar viviendo del esfuerzo de tributantes disciplinados.

Y es que por años los políticos han prometido alterar el rumbo en búsqueda de un nuevo país. Todo ha sido del diente al labio y la mayoría de la población se muestra harta de tanta promesa que contrasta con la realidad social y cultural. Cambiemos el chip. "Volvamos a nacer". Concentrémonos en los acuerdos comerciales recientes y los retos que pesan sobre las finanzas públicas en cuanto al manejo prudente de la deuda pública y un sistema de pensiones factible y realista.

Agotemos la posibilidad de lograr consensos internos que proyecten una imagen de una sociedad que se quiere ayudar, para que la ayuden. Y a pesar de que el país se encuentra concentrado en otra campaña política, lo de moda no debe distraer la mente de lo importante. Después del nombramiento de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, debiese el país seguir proyectando consensos mínimos de partidos políticos, relacionados con el próximo presupuesto y la reforma de pensiones.

Como afirmó el presidente del BCR: "Las agencias calificadoras de riesgo siempre han sostenido que los riesgos del país no son riesgos ni en el sistema financiero, ni en la economía, sino que se derivan de la alta polarización política. Es necesario llegar a consensos mínimos...".

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