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Un país sin oxígeno

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“El Salvador, falta de oxígeno, sin oxígeno no hay energía, sin energía no hay progreso, sin progreso no hay equidad, sin equidad no hay armonía, sin armonía guerra, con guerra no hay entendimiento. Sin entendimiento no hay iniciativa, sin iniciativa no hay inversión, sin inversión no hay empleos, sin empleos hay pobreza, con pobreza no hay oxígeno”. Peter Aben.

Estas son reflexiones consignadas en una libreta de apuntes de un ciudadano holandés que por muchos años laboró en El Salvador. Falleció recientemente en forma imprevista en su afán de cumplimiento de sus obligaciones empresariales, precisamente en la tierra en la que trabajó por muchos años y a la cual llegó a apreciar y a preocuparle más su destino que a muchos que se precian de ser ciudadanos salvadoreños.

El oxígeno “es una sustancia que comprende una importante parte de la atmósfera y resulta necesario para sostener la vida terrestre. Es un elemento clave de la química orgánica al formar parte del agua, de los óxidos, de los seres vivos; resulta esencial para la respiración”.

La historia recoge muchos ejemplos de lo que se puede hacer aun con poco oxígeno. Filípes, héroe de la Antigua Grecia, murió por salvar Atenas. Figura Central de la historia que inspiró un acontecimiento deportivo moderno: la Maratón. No corrió más de 200 kilómetros por anunciar una victoria, su objetivo altruista fue pedir auxilio a los espartanos. No fueron 42 kilómetros como se afirma.

Derek Redmond, atleta que heredó al mundo una demostración de sacrificio, tenacidad, agallas y fuerza de voluntad después de ganar varias pruebas de atletismo, terminó su última carrera a pesar de que en el trayecto le resurgió una vieja lesión; “logró su objetivo” sin recibir nada a cambio, con fuerza y buena voluntad, que es precisamente lo que la humanidad necesita.

Solo los que: saben, cómo y por qué, van; llegan. De otra forma los tomadores de decisiones en El Salvador no tendrán una visión, ni poseerán, abnegación y desinterés. A los ciudadanos que representan, inconscientemente, al menos, aspiran: un crecimiento económico con equidad, una vida digna, empleo y seguridad personal.

A este país le faltan muchas cosas; más que carencias, buena voluntad de sus funcionarios para arribar a acuerdos de envergadura nacional. Reconversión mental de estos seres que urge, antes de poner en situación de desprestigio financiero al país. Ya no debiesen actuar en función de los intereses de una institución política, con posturas necias u obstinadas que afectan a millones de salvadoreños, paradójicamente con desconocimiento absoluto de la realidad nacional.

El país está siendo objeto de una degradación financiera por parte de las calificadoras de riesgo, internacionalmente conocidas, debido al alto nivel de endeudamiento, persistente bajo crecimiento económico y la alta polarización política. Para aquellos que nos preciamos de ser apartidistas, las posiciones necias, recurrentes y sin lógica de una minoría (representantes de partidos políticos) resultan atentatorias para los intereses de una colectividad subdesarrollada.

Muchos ciudadanos padecen de racionalidad mínima, de espíritu de lucha y de participación ciudadana. Esa falta de ciudadanía efectiva se refleja en la apatía y el nulo involucramiento de la gran mayoría, por su escaso nivel cultural o específicamente baja educación, lamentables ambas (perfil y carencia), que se reflejan en el desinterés ciudadano, ausencia de responsabilidad, falta de superación y tenacidad, que propician el binomio estéril político-ciudadano, y dan pauta al círculo vicioso del que nos hablaba Peter y en el cual él destacaba las ausencias de: energía, progreso, equidad, armonía, entendimiento, iniciativa, inversión, empleos, progreso individual e inanición de una sociedad.

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  • progreso
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  • pobreza
  • endeudamiento
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