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¿Un plan de vida puede hacer la diferencia?

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Ana María Herrarte Country President de Ipsos Herrarte

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Casi siempre escribo sobre temas relacionados con mi quehacer profesional, pero debo confesar que haberme convertido en coach ejecutivo certificada por INCAE y estar actualmente en el proceso de “mentoring” para obtener mi certificación internacional, me ha vuelto muy sensible a otro tipo de temas.

Recientemente gracias a la invitación de una buena amiga, tuve la oportunidad de visitar una empresa textil ubicada en una zona franca que ha implementado un modelo especialmente interesante, pues, entre otras cosas, prioriza la educación y la inclusión. Dentro de todos los programas sociales que realiza la empresa, el que más llamó mi atención fue el que ofrece trabajo a los alumnos de una escuela de la comunidad al graduarse de bachilleres, con la condición de que continúen sus estudios y, según lo que nos compartió el presidente de la empresa, esto se los comunican a los estudiantes desde que inician su bachillerato para ofrecerles un “plan de vida”.

Como parte de la presentación, escuchamos los testimonios de alrededor de siete de estos jóvenes, tanto hombres como mujeres, quienes están a punto de graduarse de técnicos en diferentes especialidades, algunos planean continuar sus estudios universitarios y otros viajar a Taiwán a buscar especializarse para luego regresar a compartir sus conocimientos. Otro aspecto importante del programa, es que el trabajo en la maquila es temporal, pues el compromiso de los jóvenes es que luego de graduarse buscarán un “mejor” trabajo, para que sus plazas queden disponibles para los nuevos bachilleres.

Aunque plan de vida es un concepto que yo ya conocía (en términos simples significa trazar un rumbo con los objetivos que se quieren lograr y la forma de hacerlo), creo todos reconocemos su importancia y en alguna medida podemos llegar a tenerlo por lo menos guardado por ahí en nuestra mente, nunca había comprendido la dimensión de esa importancia hasta que he escuchado a esos jóvenes contar cómo, desde que eran todavía estudiantes les presentaron el programa y eso les hizo cambiar las expectativas de su vida. Claro esto fue posible porque lo que realmente les habían ofrecido era un plan.

Puedo imaginarme a los estudiantes de esa escuela llegar a los salones de clase sin una verdadera razón para esforzarse en sus estudios ante un futuro incierto, poco prometedor y quizás hasta influenciados por la poca motivación de sus maestros, que lo más seguro es que no tienen un sueldo justo y mucho menos un plan de carrera. Cuánta diferencia hace el saber que cuando se gradúen de bachilleres tendrán un trabajo esperándolos y la oportunidad y el apoyo para seguir estudiando, para luego obtener un mejor trabajo y continuar desarrollándose profesionalmente, para apoyar a sus familias, servir de ejemplo a sus hermanos menores, etc., etc., etc.

Pienso también en aquellos jóvenes que teniendo mejores posibilidades económicas van a estudiar sin pensar mucho en su futuro y me hago estas preguntas: ¿será que se les debiera empezar a hablar de plan de vida desde que son estudiantes y no esperar a que lleguen a su primer entrevista de trabajo en la que, casi seguramente, les preguntarán adónde se ven dentro de cinco años?, ¿será que los padres de familia en lugar de limitarse a solo preguntar a sus hijos “qué quieren estudiar cuando sean grandes”, debieran hablarles de la importancia de tener un plan de vida?

No puedo terminar sin felicitar a Rodrigo Bolaños, presidente de League Centro América, por hacer la diferencia ofreciendo un plan de vida a esos jóvenes. Uno de ellos en su testimonio expresó: “Debieran clonarlo”, con lo cual estoy totalmente de acuerdo, nuestro país necesita más personas como él. Gracias, Rodrigo.

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