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Un primer año desastroso

Lo más preocupante es que él no muestra ningún cese ni da ninguna señal de querer consensos, cuando los ha tenido, los viola y no cumple.

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Rafael Castellanos - Columnista de  LA PRENSA GRÁFICA

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El primer año de gobierno de Bukele ha sido desastroso en muchos ámbitos, sobresalen dos que nos matan: el mal manejo fiscal que nos lleva a una situación de deuda de las peores del mundo, agravada porque de los fondos que le ha aprobado la Asamblea, más de $3 mil millones, puede conseguir aproximadamente solo la tercera parte.

Sus actuaciones antidemocráticas y nulo respeto a la Asamblea Legislativa y la Corte Suprema de Justicia hicieron que la lectura de las calificadoras de riesgo y de los inversionistas internacionales sea negativa, es muy difícil colocar bonos soberanos ahora y de hacerlo la tasa de interés indicada sería mayor al 12 % (impagable) mientras Guatemala coloca bonos a 6.25 % y Panamá a 4.5 %. A mayor riesgo percibido, mayor la tasa de interés en perjuicio del país.

Segundo, sobresale su talante dictatorial, que mostró desde el día de su inauguración, haciendo llegar a los diputados a la plaza pública y haciendo jurar a la Fuerza Armada, hasta entonces de las instituciones más respetadas, lealtad a él, no a la República como ordena la Constitución.

Eso no fue casualidad, en cada crisis ha sacado los fusiles a la calle, en la crisis de agua la primera vez. La más grave y la de mayor costo nacional e internacional fue el 9F irrumpiendo con ellos en el recinto legislativo y estuvo punto de destituir por la fuerza a los diputados, hasta que Dios habló con él y le pidió paciencia, según dijo.

Nuevamente recurrió a los fusiles en la crisis de salud más grave que hemos tenido, la del covid-19, al frente del combate a la pandemia no vemos médicos ni personal de salud, sino soldados intimidando, violando derechos constitucionales, encerrando ciudadanos en centros de contención sin derecho, por períodos más largos que cualquier cuarentena establecida para esto en el mundo. Ciudadanos y opositores solicitan a la CdC auditar pronto lo que algunos aseguran que es un negocio jugoso para uno de sus patrocinadores.

En los últimos meses ha provocado un caos institucional colosal, cuando la Asamblea Legislativa no le aprueba lo que quiere, los insulta, los amenaza, veta los decretos que le llegan probablemente sin leerlos, y en el último en que vimos por televisión negociaciones de diputados con sus delgados, por unos días de diferencia con lo solicitado para una "cuarentena de verdad", sin base científica, amenazó con vetarlo antes de conocerlo. Luego emitió Decreto Ejecutivo que no tiene sustento legal, es inválido. Este día no hay una legalidad que regule la cuarentena ni el plan de apertura de la economía. El caos ha sido la constante, decretos ejecutivos que se emiten para burlar un impedimento al anterior, como si fuera competencia de niños, decretos que se contradicen, funcionarios que también se contradicen...

También ha usado los fusiles para cerrar empresas sin una explicación válida, violando los procedimientos legales básicos.

Insulta constantemente a la Asamblea y diputados y pasa por encima de sus decretos e investidura, igualmente a la Corte Suprema de Justicia a quien desconoce su autoridad públicamente. Esto es lo más grave.

Podemos señalar muchos desatinos más de este presidente, nepotismo, no tener un Plan Económico y Social y muchos más.

Lo más preocupante nacional e internacionalmente es que él no muestra ningún cese ni da ninguna señal de querer consensos, cuando los ha tenido, los viola y no cumple. Señalan analistas internacionales que de no pararlo los contrapesos institucionales, vamos camino a ser como Venezuela.

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