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Un problema que sí tiene solución

Quienes dan vida a la noticia también tienen que actualizarse y, cuando menos, deben consultar el diccionario diariamente.
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Admiro la labor de los periodistas en tiempos tan difíciles y riesgosos como los que corren, pero alguno –como ser humano– puede incurrir a veces en gazapos, con los que se vulnera la belleza de la lengua castellana y el sentido común; pero identificar la falta es bueno para evitarla en el futuro. Todos nos equivocamos, pero siempre podemos rectificar.

La Asamblea Legislativa aprobó, gracias a Dios, una normativa que restablece la enseñanza de Moral, Urbanidad y Cívica en las escuelas y escuché en un canal de televisión a un periodista que dijo “urbanismo” en vez de “urbanidad”.

Preguntado sobre si conocía lo que es urbanidad, respondió francamente que no sabía de qué se trataba. En parte este desconocimiento se explica porque en estos tiempos la urbanidad es poco usual y no es materia “cool”. Para algunos estudiantes posiblemente resulte ser una carga más en sus tareas y disciplina de poco beneficio. Recomiendo la lectura del precioso artículo del doctor David Escobar Galindo sobre este tema, publicado el domingo anterior en LA PRENSA GRÁFICA.

Según la define el Diccionario Práctico del Estudiante, de la Real Academia de la Lengua, urbanidad es “f. Buena educación o comportamiento correcto, especialmente en el trato con los demás”. Y pone como ejemplo: servirse él primero es una falta de urbanidad”. Y para que el teleperiodista señalado por su error al principio de este artículo no vuelva a confundir la amnesia con la magnesia, le ponemos aquí lo que es urbanismo según el mismo diccionario elemental: “Conjunto de los conocimientos relacionados con la organización de los edificios y espacios de una población con arreglo a las necesidades de sus habitantes”.

Para que la urbanidad sea característica de un pueblo, además de la enseñanza en las escuelas, hace falta el ejemplo de los líderes de opinión, de los mismos educadores, de los ministros religiosos, de los funcionarios públicos, de los dirigentes políticos; como también campañas educativas permanentes.

Y hablando de errores viene al caso uno que sus autores publican sin sonrojarse ni atender las críticas pertinentes. Un ejemplo que es ya un clásico del atropello inmisericorde al idioma: “aperturar”.

Aperturar es un verbo que no existe en castellano. Existe ciertamente el sustantivo “apertura”, que es el hecho o efecto de abrir o abrirse. Esos anuncios que dicen, por ejemplo, “venga a aperturar su cuenta” creen usar un lenguaje técnico o especializado, cuando sería mucho más simple, fácil y claro decir correctamente “venga a abrir su cuenta”.

Lamentablemente se ha vuelto tan cotidiano el uso de “aperturar” que ya casi suena natural en el lenguaje de los empleados, funcionarios y anuncios de algunas instituciones financieras públicas y privadas. Resultará interesante saber si hay otro país de habla castellana donde usen el feo verbo de marras. Definitivamente no será en España.

Este tipo de faltas idiomáticas o distorsiones en la narración de hechos o situaciones, como decir que una obra de construcción o un accidente “genera tráfico”, cuando lo que produce es lo contrario (congestionamientos y/o paro de la circulación), son vicios que pueden ir desapareciendo con facilidad si hay voluntad para corregirlos.

Los comunicadores debemos leer más, procurar mantenernos actualizados y tener a mano eso que el inolvidable mentor don Francisco Espinoza llamaba “el amansa burros”, o sea, un buen diccionario.

Lograr el buen uso del idioma y ser claros, correctos y precisos no está en el cuerno de la luna.

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  • asamblea legislativa
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