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Un propósito compartido por El Salvador

Para todos, especialmente para los adultos mayores quienes vivieron las épocas más difíciles de nuestro país y del acontecer mundial, no es desconocido el hecho de que la libertad nunca ha sido una conquista fácil de ganar. Siempre han existido quienes creen que son los dueños de los destinos de las personas y de las naciones. Estamos también quienes creemos que son las personas las dueñas de sus propias vidas, que no hay nada más lindo y pleno que saber decidir qué camino tomar para alcanzar nuestros sueños y que también esas decisiones traerán consigo consecuencias de las cuales debemos ser responsables.
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Abraham Soto Coautor de “El país que viene”

Abraham Soto Coautor de “El país que viene”

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No solo creo en la libertad por ser un valor con el cual me identifico, sino también porque son las ideas basadas en este valor las que han demostrado, a lo largo de la historia y en todo el mundo, ser el camino más eficaz para lograr la prosperidad de las naciones y, especialmente, de las personas más desfavorecidas.

Creo en el diálogo, en promover una cultura de paz, en los consensos. También creo que depende de los nuevos políticos trabajar en ello para alcanzar un país habitable para todos. Hemos vivido a lo largo de muchos años viendo cómo los políticos se pelean entre sí, se sacan lo malo que hicieron, se insultan y se desean hasta la muerte. El valor agregado que tenemos los jóvenes es que no estamos viciados por esta cultura del odio y los resentimientos.

Por ello, es necesario que cada vez más los jóvenes pasemos de la crítica a la acción. Pero para eso es necesario que nos preparemos, que nos formemos y definamos nuestros principios y las formas más adecuadas para hacerlos sentir. La cultura del meme y las críticas en las redes sociales entretiene, pero la cultura de la participación y el compromiso transforman.

No me considero un modelo a seguir ni un caso de éxito, a pesar de que he logrado mucho a mi edad, pero sí creo necesario que existan más jóvenes que hagan país desde cualquier organización social y, más aún, poniendo dignidad y valores a la política, que tan denigrada ha estado en los últimos años.

En un país cargado de caos, desesperanza y muchos personajes negativos, es hora de repensar nuestros emergentes liderazgos y ponerlos en función de las exigencias de la nación.

Es momento de pensar en propósitos compartidos, que en donde se ha acostumbrado a poner división, la nueva generación de políticos pongamos unión y paz. Que en donde se ha acostumbrado vivir bajo la corrupción, recordemos que existe la honestidad y sí se puede practicar la decencia. Que donde todo parece perdido, seamos los constructores y encendamos una luz de esperanza.

Para entender cómo piensa el otro y construir un proyecto común debemos trabajar en desarmar nuestras realidades, muchas veces sesgadas y dar un poco de sí para comprender, salir de nuestro esquema y escuchar lo que el otro tiene que decir, que seguramente tendrá algo de interesante y productivo para nuestro país. Siempre he creído que los triunfos que hoy son nuestras mayores fuentes de orgullo e inspiración se producen en el espíritu emprendedor y creativo de los individuos. Por esto es que creo que cada política, cada decisión, cada camino debe estar inspirado y fundamentado en los ciudadanos.

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