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Un reencuentro

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Pedro Arriagada Stuven

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Después de una ausencia de cinco años volví a El Salvador en noviembre recién pasado, principalmente a una visita a mi muy querida Escuela Superior de Economía y Negocios, ESEN. Estuve solo una semana y me reencontré con el cariño de la gente y pude comprobar con satisfacción cómo la ESEN ha crecido y permanecido fiel a su misión fundacional ya por más de 20 años.

Viví en El Salvador entre los años 1989 y 1995, y fui parte de un equipo que desde FUSADES lideró una propuesta de reformas económicas y sociales para el país, implementadas por el gobierno del presidente Alfredo Cristiani. Por muchos años más me mantuve muy ligado por distintas actividades, la más importante de todas la formación y dirección académica de la ESEN.

Mi experiencia en El Salvador me dejó muchas lecciones, que al regresar me volvieron a la memoria y que quiero volver a destacar. La primera y para mí la más importante es constatar que se mantiene vigente la gran calidad humana de la gente. La amabilidad en el servicio, la calidez en el trato. Aunque ya no trabajo con salvadoreños, mis amigos empresarios me confirman que se mantiene una muy buena calidad de trabajo y productividad. Esto es a mi juicio el principal tesoro del país, su gente. Esta misma característica la vi en los alumnos de la ESEN. Respetuosos y con muchos deseos de aprender.

Comparando San Salvador de hoy con el de los años noventa, se nota un crecimiento urbano importante, nuevos y atractivos centros comerciales, mejores carreteras y vías urbanas, nuevas colonias. Todo esto, eso sí, en un contexto bastante desordenado y de mucha congestión, propio de una ciudad sobrepoblada. No pude constatar esto fuera de la capital pues no salí de ella.

Sin haber mirado cifras en detalle, me parece que el país no ha logrado salir de ser muy concentrado en servicios y maquila. Muy dependiente aún de las remesas familiares. Es poco lo que se ha logrado para crear valor agregado alrededor de estos servicios, para generar empleos mejor remunerados. Tuve la oportunidad de conocer la propuesta de desarrollo económico presentada en noviembre por la ESEN donde nuevamente se señala esta debilidad y desafío pendiente.

Me parece que de todas las reformas impulsadas en los años noventa la que más ha servido para estabilizar la economía es la dolarización. Esta medida fue muy discutida en esa época, al igual que la introducción del Impuesto al Valor Agregado, IVA. Pero la dolarización por sí sola no genera ni estimula el crecimiento. Disminuye los riesgos país, pero requiere de mucha más agresividad de políticas pro crecimiento. El país debe confiar en la capacidad creadora de sus empresarios, liberar y estimular sus energías. Requiere estimular las pymes, aprovechar la calidad de la mano de obra ya comentada.

El crecimiento económico es como andar en bicicleta. Hay que pedalear para avanzar. Si no se pedalea uno no solo se detiene sino que se cae. La vida económica es un continuo e incansable pedaleo, pero ojalá en una bicicleta bien aceitada. Las políticas económicas pro crecimiento son el aceite que hace que el pedaleo cunda y se acelere. Me da la impresión de que la economía salvadoreña se mueve lentamente a pesar del esfuerzo de empresarios y trabajadores. Esto es señal de que hay que revisar los fundamentos. Es necesario aceitar la bicicleta.

Tags:

  • ESEN
  • remesas
  • dolarización
  • crecimiento

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