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Un sufrimiento redentor

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Carla Varaona de Lacayo

Carla Varaona de Lacayo

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Estamos a las puertas de la Cuaresma, un tiempo para profundizar y meditar en lo que aconteció en algún momento de la historia hace 2020 años. Un testimonio de amor hasta el EXTREMO de dar la vida por los suyos, libremente, una entrega TOTAL que se podría llegar a pensar que se volvió loco, que perdió la razón. ¿Me conmueve tanta bondad y Misericordia por nosotros que además NO nos lo merecemos? ¿Cómo está mi corazón?

¿Quién en su sano juicio le gusta o quiere sufrir? La respuesta es obvia, nadie quisiera pasar momentos de dolor, de angustia, de tristeza... y saber que es la oportunidad más grande de convertir el dolor en un acto de servicio, ofrecerlo para reparación de tantas ofensas, elevarlo a un plano sobrenatural, caer en la cuenta que el sufrimiento es purificador, salvífico, redentor, de lo contrario, probablemente no se le encontrará sentido, con el riesgo de hundirse en el coraje, la amargura, la tristeza crónica que echa raíces, reinarán las quejas y reclamos que llevarán a juicios críticos, refugiándose en los asuntos del mundo, la cabeza se inquieta con la preocupación que les agobia, un temor que aplasta y que saca del presente, olvidándose que el mañana no nos pertenece.

Debemos quitar del presente el miedo al futuro ya que recibimos la fuerza y la Gracia para el hoy y saber que la cruz de cada día es una oportunidad de oro para el alma; es una cuestión más del corazón que de la cabeza, como decía santa Teresa de Jesús: "En la Cruz está la vida y el consuelo y ella sola es el camino para el cielo". Cada ser humano que nace trae una misión específica, un plan Divino que viene de arriba y que hay que descubrir. Todo exige una disposición interior, aunque muchas veces no comprendamos nada. Tener la confianza que pase lo que pase, por terrible que sea, está previsto dentro de un Plan sobrenatural para nuestra salvación y que absolutamente TODO es para bien de los que le aman. Luchar por amor hasta el último instante.

El sufrimiento es un misterio del hombre, de su fragilidad, una realidad dolorosa. Cuando más penas acechan, es cuando más se puede crecer en el amor si se sabe aprovechar. Decía san Josemaría: "El dolor es la piedra de toque del amor". Concebir nuestra existencia como servicio, el servicio es la voluntad de amar, transformar el sacrificio en hechos, en obras de amor, ofrecer el cansancio, el gastar el tiempo en otros, como una vela que se consume para dar luz a los demás.

Es curioso cómo tantas veces los grandes enfermos suelen ser hombres o mujeres que demuestran una paz inquebrantable, tienen una etapa de rebeldía, de no entender, pero luego el decline del cuerpo va situando su espíritu en un cara a cara con las realidades Divinas, entran en una intimidad con nuestro Creador, se dan cuenta de la vaciedad de las cosas terrenas y van "in crescendo" en santidad (iluminados por la Gracia), teniendo una gran Fe y Esperanza en lo que viene. Cuando el común de los mortales imagina una vida triste y fatigosa, los enfermos suelen ser personas contentas con su suerte y conservan una absoluta serenidad, es el silencio de una persona a punto de marchar que ya está habitada por Dios.

Llevar esa cruz con valentía y paz, abandonando en Jesús las preocupaciones para aliviar el peso, solo entonces encontraremos descanso para nuestra alma; aprendamos a vivir el presente, buscando ese trato personal e íntimo con El Señor en el silencio y en la oración, basta con el pequeño deber de cada día, de cada momento, así nos lo recuerda san Josemaría: "Haz lo que debes y está en lo que haces", ese momento de sonreír aun sin ganas, ese momento de la palabra amable, de la mirada serena... aunque se lleve mucho peso encima, ¡y en esa lucha diaria está la santidad!

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  • Cuaresma
  • sufrimiento
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