Un trascendental mensaje de la SIP a los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en la Cumbre de las Américas

En nuestro país, tenemos que seguir en guardia para no permitir que ningún atentado contra las libertades fundamentales pueda salir airoso bajo el manto de la impunidad. Nuestra tarea es estar alertas siempre con el mejor espíritu de nación, porque el país y su futuro lo demandan y lo merecen.
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El panorama regional es convulso y está cargado de amenazas, que afectan desde luego a las diversas libertades que configuran el esquema democrático de vida. El hemisferio muestra, como se sabe porque eso está dentro de la naturaleza de los hechos, una gran variedad de proyecciones y de intereses en juego. En los tiempos más recientes el clima general se ha venido complicando por motivos políticos y de pugnas de poder, y eso ha hecho que libertades tan básicas como la de expresión y de prensa así como el derecho ciudadano a la información se hallen en constante e inaceptable riesgo.

Dentro de esa secuencia de sucesos ocurre esta VII Cumbre de las Américas, marcada por tensiones de alta intensidad; y eso provoca reacciones de advertencia que es muy oportuno tener en cuenta. Entre ellas está la sustantiva, elocuente y muy valiente expresión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), dirigida en forma de Mensaje a los gobernantes de las Américas. Comienza tal Mensaje enfatizando que esta es una oportunidad histórica para que aquellos que tienen tan altas responsabilidades de conducción las ejerzan con el debido compromiso, referido en este caso a la defensa de las libertades básicas antes señaladas.

Se trata en verdad de libertades que protegen valores y derechos esenciales para la democracia real y para la sana convivencia. El Mensaje es enfático, y se manifiesta en términos como estos: “Nadie puede quedar callado ni ser indiferente a las violaciones a los derechos humanos, a la libertad de expresión, que cometen, particular y sistemáticamente, los gobiernos de Raúl Castro, Rafael Correa y Nicolás Maduro. Presos de conciencia, medios de comunicación cerrados, periodistas y ciudadanos amordazados, desenmascaran esas violaciones”. No se podría decir con más puntual claridad.

Hay en la mencionada declaración una cátedra sintética de lo que debe ser el comportamiento democrático institucional y social. Se dice ahí, con absoluto ajuste a lo que deben ser los hechos de una práctica política responsable y saludable, que “la democracia exige una clara separación de poderes, jueces independientes, transparencia en la gestión pública, impulsar prosperidad, promover equidad, garantías individuales y un ambiente respetuoso que empodere ideas diversas y plurales como corresponde a un Estado de Derecho”. Ese ha sido el fondo de nuestra prédica permanente, y que hoy, cuando LPG está a unos pocos días de cumplir su primer siglo de vida al servicio de la comunidad y de la verdad, se vuelve aún más valedera y oportuna.

Al final del Mensaje se hace una advertencia de futuro inmediato, consistente en poner a la Declaración oficial que salga de la Cumbre en medición entre lo que se diga y lo que se haga, en función de las libertades que hay que proteger y potenciar. Esta es, sin duda, una oportunidad histórica, como lo señala desde su inicio el Mensaje. Y lo que se espera con ánimo positivo es que todas las adversidades que hoy se hacen sentir puedan irse desactivando al impulso de la razón, de la sensatez y del acogimiento a la práctica efectiva de los valores democráticos, sin fronteras.

En nuestro país, tenemos que seguir en guardia para no permitir que ningún atentado contra las libertades fundamentales pueda salir airoso bajo el manto de la impunidad. Nuestra tarea es estar alertas siempre con el mejor espíritu de nación, porque el país y su futuro lo demandan y lo merecen.

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