Una anécdota de la vida cotidiana

El cuento de que los ricos abusan de los pobres lo escuchamos también en altas esferas políticas como explicación de todos los males habidos y por haber.
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<p>Los domingos ese supermercado se pone como si estuvieran regalando la mercadería, pero yo necesitaba un par de cosas que solo ahí encuentro, así es que no tuve más remedio que armarme de paciencia. Tal como esperaba, el tránsito por los pasillos resultó difícil. Nunca falta gente que se queda estacionada en un punto, obstruyendo con su carretilla el paso de otros consumidores. Pero la más dura prueba de paciencia ocurre al final de la jornada, cuando uno intenta llegar a alguna caja registradora.</p><p>A pesar de que activan casi todas las cajas, que no son pocas, las colas son largas y el movimiento lento. Son miles de artículos pasando, uno a uno, frente al lector óptico. Algunos consumidores se toman muy en serio su aporte a la reactivación de la economía: o tienen familia numerosa, o disponen de mucho dinero para gastar, o se preparan para varias semanas de escasez en caso de que venga un terremoto o algo parecido.</p><p>Mientras esperaba pacientemente mi turno, una pareja llegó intempestivamente a poner su carretilla muy cerca de los clientes que estaban ya descargando sus artículos sobre la banda. Cuando intentaron adelantarse a la señora que iba delante de mí, les dije amablemente que debían ir al final de la cola y esperar su turno. La respuesta que recibí fue realmente asombrosa: “Ustedes creen que porque son ricos tienen más derecho que los pobres”.</p><p>Me di cuenta inmediatamente de que no tenía caso discutir con ellos. Era evidente la actitud de resentimiento social. Pero la señora a la que le estaban quitando su lugar les agarró el pleito. Sin alterarse, les hizo saber que ella no era rica, que vivía de su trabajo, que la cosa no era de ricos y pobres, sino de respetar el orden de llegada. El tipo insistió que la cola iba donde él y su mujer se habían colocado, que los equivocados éramos todos los demás, y así prosiguió por algunos minutos el inútil intercambio de palabras.</p><p>La escena me pareció muy ilustrativa de lo que ocurre frecuentemente también en otros ámbitos. </p><p>Esos clientes abusivos probablemente tuvieron poca educación y están acostumbrados a abrirse paso a la brava, pero sus actitudes y su manera de ver las cosas no difieren mucho del comportamiento de otras personas supuestamente mejor educadas. El cuento de que los ricos abusan de los pobres lo escuchamos también en altas esferas políticas como explicación de todos los males habidos y por haber. En mi anécdota del supermercado, un grupo numeroso de clientes estaba respetando las normas y haciendo cola, independientemente de la condición socioeconómica de cada uno. Sin embargo, los que irrespetaron el orden de llegada, lejos de reconocer y enmendar su error, se pusieron en plan de víctimas, pero con actitud desafiante. No quisiera especular, pero es posible que se hayan sentido envalentonados por el rojo encendido de su vestimenta.</p><p>Algo muy parecido fue lo que ocurrió en la reciente crisis ocasionada por el desacato de varios partidos a la autoridad de la Sala de lo Constitucional de la CSJ. De un lado hemos estado muchos individuos y organizaciones con un solo propósito en común, la defensa de la institucionalidad. Del otro lado, 50 diputados queriendo modificar de facto la Constitución al atribuirse una facultad que solo tiene la Sala de lo Constitucional de la CSJ. </p><p>El argumento esgrimido por los culpables de desacato es muy parecido al de los abusivos del supermercado. Interpretan la oposición a sus acciones como una reacción de élites económicas queriendo recuperar posiciones de poder.</p><p>Ignoran convenientemente que en el movimiento de oposición no solo estaban la ANEP y ARENA, sino muchos otros que, desde diferentes ideologías y condiciones sociales, coincidíamos únicamente en exigir apego a las leyes. Igual que en la cola del supermercado, ahí había de todo. Sin embargo, retorcieron las cosas para hacerlas aparecer como un mero reclamo de élites de derecha buscando recuperar posiciones de poder.</p><p>Hasta el presidente de la república hizo eco de esa forzada interpretación de la realidad. El problema con esas actitudes en el liderazgo político es que pueden ser muy contagiosas y no ayudan a construir un régimen de igualdad ante la ley.</p><p>&nbsp;</p>

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