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Una campaña pletórica de rostros

Descontentos con el partido de su preferencia decidieron no ir a votar asumiendo una actitud que comúnmente se le identifica como de castigo.
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Rafael Rodríguez Loucel / Decano de la Facultad de Maestrías, UTEC

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Decano de la Facultad de Maestrías UTECRostros casi en cada cuadra, planes y proyectos ausentes. Se votó porque es un deber ciudadano o una costumbre; una manera de ejercer la voluntad individual en un sistema que supuestamente aspira a lograr un esquema de libertades y democracia. Al votar se ejerce un deber ciudadano y se logra una tranquilidad “de los responsables”. El cargo de conciencia será entonces para el corrupto que hace mal uso del poder conferido por la ciudadanía.

El que rayó, manchó o escribió tonteras en la papeleta, lo único que obtuvo quizá fue un desahogo individual con una actitud negativa. Hubo de toda clase de manifestaciones: votaron correctamente, rechazaron el ejercicio o simplemente se abstuvieron de ejercer su derecho. Pareciera que esto último fue lo que más abundó. No me atrevo a dar cifras por la carencia de una fuente con credibilidad; pero sin temor alguno puedo asegurar que más de la mitad de los habitantes en edad de ejercer el voto no acudió a las urnas.

Descontentos con el partido de su preferencia decidieron no ir a votar asumiendo una actitud que comúnmente se le identifica como de castigo. Ese tipo de rechazo es común en cualquier país. Lo preocupante es por una parte la informalidad de las campañas, “pletórica de rostros” y carente de planes para resolver una crisis integral que se manifiesta por altos niveles de desempleo y de pobreza absoluta y relativa. Y como resultado una violencia que exacerba.

Se han observado en los dirigentes de los partidos contendientes tristeza, alegría y otra vez la prepotencia, de cara a un pueblo que por enésima vez anhela que sus gobernantes se preocupen por el bienestar colectivo. Solicitan solamente que se les ayude a superar relativamente su nivel de pobreza. En esas condiciones perdurables de escasez extrema y relativa, es más preocupante aún lo manifestado por profesionales expertos en política que lo único que ha cambiado son algunos rostros. El sistema sigue siendo el mismo.

Rasgos históricos y perdurables del sistema político y económico resultan ser: una dictadura de partidos (partidocracia), corrupción, una trampa de bajo crecimiento, inequidad en la distribución del ingreso, baja productividad, una estructura productiva donde prevalece el comercio y los servicios, dependencia de un mercado y un sistema tributario regresivo. Con esos antecedentes de orden estructural, se registra una continuidad del sistema y un evento electoral en el que se destaca la apatía del potencial votante, un partido que pierde muchos adeptos y terceras fuerzas relativamente favorecidas.

Lo más notable, un descontento por la continuidad del sistema político que ahuyenta al potencial votante, sobre todo de los jóvenes, aparentemente a la espera de un supuesto líder.

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