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Una cuestión de método

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En 1637, el filósofo y matemático francés René Descartes publicó su ensayo intitulado “El Discurso del Método”, con el subtítulo “Para bien conducir su razón y buscar la verdad en las ciencias”. Esta obra es una de las más importantes de su tiempo y ha sido considerada como una de las primeras obras que constituyen la base de la filosofía moderna.

En su obra, Descartes expone su forma de pensar, su método, su proyecto filosófico, para poder llegar a conclusiones verdaderas, utilizando la razón, evitando las especulaciones sin sentido y los razonamientos sin fundamento. Descartes expone brevemente cuatro reglas: 1) No admitir como verdadera cosa alguna sin conocer con evidencia que es así. Es preciso partir de principios racionalmente evidentes, claros y perfectamente inteligibles (conocimiento). 2) Dividir los problemas examinados en tantos elementos parciales que se pueda y que sean necesarios para resolverlos mejor (análisis). 3) Conducir ordenadamente los pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles a conocer y ascender poco a poco hasta el conocimiento de los objetos compuestos (síntesis). 4) Enumerar y revisar todas las verdades conocidas, enteras y generales, para estar seguro de no omitir nada (enumeración y prueba).

Ese método ha dado lugar a la estructura de pensar cartesiana (de Descartes), racional y estructurada, que floreció en Europa y que se ha expandido por todo el mundo civilizado.

De manera simple, Descartes nos lleva a identificar el problema (¿Qué estamos considerando? ¿De qué estamos hablando?), luego a analizar el problema (¿Qué partes constituyen el problema? ¿Quiénes están involucrados? ¿Cómo se descompone el problema? ¿Cuándo se lleva a cabo? ¿Dónde se realiza? ¿Qué implicaciones tiene?), posteriormente hacer una síntesis para definir una estrategia de tratamiento del problema, esbozar una posible solución. Por último, verificar que no hemos olvidado nada que pueda ser esencial.

En este período electoral en El Salvador, tanto para alcaldes, diputados y posteriormente para presidente, nuevamente los electores deberán escoger a las personas que ocuparán los cargos públicos más importantes, es necesario que los líderes de las diferentes formaciones políticas, sociales o gremiales, los intelectuales, profesionales, estudiantes, religiosos y todas aquellas personas que quieran aportar al análisis de los problemas de la sociedad salvadoreña en su conjunto puedan adoptar un método de análisis de la realidad, simple, racional, basado en principios evidentes, claros, cuantificables, y que dejen a un lado los sectarismos, partidismos, ideologías, etcétera.

Aplicar un método significa identificar los problemas esenciales del país, los verdaderos, los fundamentales, los trascendentales, no los inmediatos, superfluos o coyunturales. Luego, analizar cada uno de los componentes de estos problemas de una manera racional, no sesgada, parcializada o irracional, sino con amplitud de criterio, con seriedad, yendo de lo general a lo particular y después de un análisis concienzudo de cada uno de los componentes, subir de lo particular a lo general, para englobar cada una de las parcelas de análisis en aspectos enteros y generales, que nos permitan no haber olvidado ningún aspecto de lo esencial.

Solo mediante una aplicación seria de un método para analizar los problemas de la sociedad salvadoreña lograremos plantear las soluciones necesarias, ineludibles, concretas e impostergables, que reclama la supervivencia de El Salvador, en todos los ámbitos, teniendo el criterio suficiente para discernir sobre los candidatos que presenten una propuesta de solución a nuestros problemas: seria y coherente, audaz y visionaria, positiva y progresista, y no estaríamos sujetos a elegir, como sucede en otros países de Latinoamérica, candidatos únicamente por su forma de gritar en una tribuna, por bailar en un mitin, por ser jóvenes, ricos, populistas, carismáticos, embaucadores o charlatanes.

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