Una cultura de imitación

El Salvador es un país cuya población imita, no innova. Esa es una de las razones por las cuales su productividad y competitividad no es tan alta. Tampoco ahorra mucho y la inversión doméstica es relativamente reducida. En un afán de cada día aplican lemas como el siguiente: “La vida no es para llevar, es para comer aquí”. Independiente de varios factores, de los que hablan muchos profesionales expertos, que afectan los hábitos, lo que se quiere enfatizar o poner de relevancia es una cultura de imitación y ausencia de creatividad.
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Es una sociedad que no se quiere reinventar e imita patrones de consumo de países avanzados con ingresos muy superiores. Los niños son hábiles para operar aparatos que sirven de diversión y de comunicación y por ello los consideran inteligentes, pero no es una niñez a la cual se le inculca innovación y creatividad como claves de desarrollo, muchos van a una guardería. A manera de contraste en Finlandia los niños asisten a la escuela hasta los siete años (sus padres son sus guías primarios) con carácter formado, mente receptiva y una estructura mental creativa.

Aquí saben utilizar con destreza dispositivos móviles a temprana edad, pero no poseen el hábito de la curiosidad, no tratan de descubrir por qué se movilizan los juguetes mecánicos; actitud clave para investigar es poseer curiosidad. Se dice que en El Salvador antes de los años ochenta la mano de obra era productiva y de la maquila de ropa se iba a pasar a la maquila de computadoras, hasta llegar al ensamblado de vehículos; ¿qué pasó entonces?: miopía gubernamental, ausencia de educación = violencia.

Todo tiene una razón de ser. Podemos imitar lo bueno y se presenta una oportunidad no de seguir imitando vicios, hábitos exóticos o formas de utilizar armamento, como se ve en la pantalla grande y chica, sino formas de gobernar y despolitizar. Un compañero de trabajo y amigo me remitió un e-mail que señalaba que en España existen inquietudes con respecto a un proyecto de ley de Reforma del Congreso español que contiene asuntos interesantes para enmendar el modo de operar de ese organismo.

Se menciona que debe cumplir las mismas leyes que el resto de los españoles. La visión de estas propuestas pretende inculcar la mística de que servir en el Congreso sea un honor, no una carrera. Recibamos estas informaciones como inquietudes, de hecho en otros países europeos existen proyectos y realidades para que los políticos no gobiernen para unos pocos.

Los diez países más desarrollados aparecen en el índice de desarrollo humano (IDH) que por definición han logrado un gran avance y crecimiento en cuanto a industrialización, lo cual también se refleja en la calidad de vida, esperanza de vida, protección de la infancia, alfabetismo, sanidad. En resultados recientes lideran varios países europeos.

Imitemos ser competitivos, adquiramos buenas costumbres y formas de gobernar para beneficio colectivo. En otra óptica y volviendo a mi particular inquietud por mi formación profesional, habiendo talentos en el país, ¿por qué no inventamos, renovamos o somos productivos? Andrés Oppenheimer en su libro Crear o Morir señala: “Se trata de una pregunta fundamental, que debería estar en el centro del análisis político de nuestros países, porque estamos viviendo en la economía global del conocimiento, en que las naciones que más crecen, y que más reducen la pobreza, son las que producen innovaciones tecnológicas”.

Sigamos imitando, no consumismo; sí procurando aventajar productivamente lo que otros hacen. Individualmente, se puede innovar en los procesos que día a día hacemos. Hay que empezar por algo.
 

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