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Una decisión positiva en función de la competitividad

El país está demandando con apremio que todas sus fuerzas y liderazgos “se pongan las pilas” en función de país, anteponiendo el bien común a sus intereses respectivos.
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El pasado jueves, la Asamblea Legislativa tomó una decisión responsable al aprobar prácticamente por unanimidad 46 reformas a la Ley de Zonas Francas Industriales y de Comercialización para poner en concordancia la legislación nacional con los requerimientos de la Organización Mundial del Comercio. Ahora se conceden incentivos fiscales diferenciados para aquellas empresas establecidas en el Gran San Salvador y para aquéllas que estén fuera del área metropolitana: para las primeras, 10 años de exención; y para las segundas, 15 años. También se establecen 12 años de exoneración del impuesto para los dividendos de los accionistas. El criterio para tener acceso a tales beneficios será hoy la inversión y la generación de empleo. Se crea además un comité consultivo de zonas francas y la figura del comercializador, para el acceso de productos al país.

Es de hacer notar que las reformas aludidas pasaron por un proceso muy accidentado de posiciones políticas encontradas; pero al final se impuso la razón en alianza con la realidad, y todos fueron cediendo rigideces para llegar al resultado que ahora se tiene, que desde luego contiene muchos matices, como ocurre siempre que algo tan importante sale como producto de una negociación. Con las reformas aprobadas se garantiza la estabilidad de las empresas ya existentes y se incentiva el ingreso de nuevas empresas, ya con un criterio más abarcador, porque hay beneficios adicionales en el caso de fabricantes de microprocesadores, circuitos integrados, partes de vehículos terrestres, aéreos y marítimos, piezas o equipos de computadoras, dispositivos médicos y equipos para generación de energía.

Esto último lo subrayamos como una señal elocuente de que vamos ya entendiendo que tenemos que convertirnos en un centro de producción de punta, si es que queremos de veras potenciar nuestra dinámica exportadora. La nueva economía productiva que El Salvador necesita debe ser de avanzada en todos los sentidos: en los productos y en los servicios. Nuestro mercado interno es pequeño aun en comparación con los del entorno inmediato, y el salto de calidad de nuestro desarrollo tiene forzosamente que darse hacia afuera, sin descuidar desde luego la demanda interior, que irá creciendo en la medida que la economía genere progreso.

El carácter modernizador de estas reformas es, por otra parte, una señal de sensatez compartida por todas las fuerzas políticas y económicas que han estado envueltas en este tema tan delicado y urgente. Vuelve a venir al caso aquella frase tan conocida y tan poco practicada de la sabiduría popular: “Cuando se quiere, se puede”, aun en las condiciones generadas por una campaña presidencial tan beligerante como la presente. Y eso deberían tenerlo presente, a diario, los políticos y las organizaciones a las que pertenecen, porque ahí es donde se dan las principales retrancas para el avance hacia las soluciones que demandan nuestros problemas de fondo.

En la base de esta decisión tan oportuna y estimulante está un hecho que nadie puede evadir responsablemente: el estado crítico en que se encuentra la problemática nacional, que se ha venido complicando precisamente por falta de tratamientos adecuados e interactivos.

Ojalá que lo ocurrido el pasado jueves en la Asamblea no sólo sea una golondrina en cielo nublado. El país está demandando con apremio que todas sus fuerzas y liderazgos “se pongan las pilas” en función de país, anteponiendo el bien común a sus intereses respectivos.

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