Una democracia abusada y atropellada

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Óscar Manuel Batres B. - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Desde la instalación de la nueva Asamblea Legislativa el 1 de mayo el país está viviendo uno de los periodos más turbulentos que hemos tenido desde los días en que teníamos los conflictos sociales que desembocaron en la guerra civil que sufrimos durante 12 años. En su primera sesión la Asamblea sorprendió al país y el mundo destituyendo a los 5 magistrados de la Sala de lo Constitucional y al fiscal general de la República, desconociendo todos los procesos establecidos por la Ley para salvaguardar la separación de poderes, pilar fundamental para asegurar la vigencia del Estado de derecho. Pocas horas habían pasado del inicio de su nueva gestión, cuando la nueva mayoría legislativa con lujo de chabacanería decidió desconocer y acabar con uno de los principios fundamentales de nuestro sistema democrático.

Cuarenta años pasaron desde que los salvadoreños aprendimos y decidimos que teníamos que terminar con los regímenes autoritarios, represivos y excluyentes que habíamos tenido a lo largo de nuestra historia instaurando un régimen democrático dentro del cual pudiéramos entendernos todos los ciudadanos que, aun teniendo las más diversas corrientes de pensamiento, estábamos unidos por los ideales de construir un país que asegurara niveles de bienestar y progreso para todos. Desde la firma de los Acuerdos de Paz nos embarcamos en un proceso para implementar una estructura institucional que asegurara la plena vigencia del sistema democrático.

Los seis gobiernos que tuvimos desde la firma de los Acuerdos de Paz respetaron ese proceso sin que haya estado exento de vicios, anomalías e imperfecciones que se fueron enmendando debido a la capacidad de vigilancia, investigación y denuncia de la sociedad civil organizada. Tenemos que decir y reconocer que todos los gobernantes de turno en todo momento respetaron las resoluciones emitidas. Ciertamente, hubo denuncias e investigaciones de operaciones sospechosas de hechos de corrupción que han llegado a abarcar a muchos funcionarios actuales, las cuales se pudieron hacer porque el sistema había permitido que se establecieran regulaciones que obligaban a mayor transparencia y rendición de cuentas. Por eso es que tenemos gran cantidad de funcionarios procesados, incluyendo dos expresidentes de la República.

La Sala de lo Constitucional fue uno de los principales baluartes que tuvimos para fortalecer el desarrollo del proceso. En los últimos tiempos, vino emitiendo resoluciones que fueron corrigiendo los abusos de los otros órganos e instituciones del Estado y los partidos políticos, con lo cual se vino robusteciendo el desarrollo de nuestro sistema democrático, empoderando tanto a ciudadanos, organizaciones de la sociedad civil y el mismo sistema judicial, para proteger los derechos de todos y garantizar la seguridad jurídica, procurando que las instituciones funcionaran con independencia, que es otro de los pilares que necesita cualquier sociedad para desarrollarse.

Es penoso que los logros y avances significativos que, a pesar de sus imperfecciones, hemos tenido en la construcción de nuestro sistema democrático, hayan sido despreciados por el presidente Bukele desde el inicio de su gestión, y desconozca las contribuciones que hemos hecho todos los ciudadanos en sucesivos eventos electorales, y a través de los aportes que hacen las más diversas organizaciones de la sociedad civil para corregir y enriquecer el proceso. Esto es lo que ha lamentado y condenado la comunidad internacional que nos ha acompañado en este proceso, y por eso es que el embajador de la Unión Europea le decía al presidente en la reunión que sostuvo con el Cuerpo Diplomático: "cuando existe una gran mayoría de este Gobierno en la Asamblea Legislativa, es importante que esa mayoría sirva para reforzar la democracia, y que las grandes tareas que podría tener un Gobierno con mayoría cualificada en la Asamblea Legislativa es reforzar la democracia, y no debilitarla".

Por la cantidad de problemas que afligen a nuestra población y los grandes desafíos que tenemos que enfrentar entre todos, se hace necesario un cambio de actitud del presidente. Necesita abrirse. Demostrar capacidad de escuchar y rectificar. Son cualidades que distinguen a un buen estadista que quiere dejarle al país un legado significativo. Que no se le olvide que todos los regímenes autoritarios, sin excepción, terminaron condenados por la historia.

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