Una gran oportunidad para corregir rumbo, enderezar las políticas públicas y propiciar prosperidad

Lo más urgente es que se comiencen a definir y a construir las líneas de acción que cada quien se propone desarrollar, no como ocurrencias imaginativas sino como planteamientos efectivamente realizables y ajustados al fenómeno real.
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El momento de las grandes decisiones políticas siempre es un espacio abierto para desplegar iniciativas de verdadero desarrollo y para hacer reajustes institucionales que vayan en la línea de la realidad. 2018 y 2019 constituyen una coyuntura que tiene todas las condiciones para hacer cambios reales en el manejo de los asuntos públicos, porque están llegando nuevos gestores a las cúpulas de los tres Órganos fundamentales del Gobierno, ya que acaba de iniciar período la nueva legislatura, dentro de algunas semanas habrá que elegir 5 Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, incluyendo 4 de la Sala de lo Constitucional, y en febrero próximo habrá elección de Presidente y Vicepresidente de la República.

Como hemos subrayado con insistencia puntual, la situación del país es crítica y muy riesgosa en distintos sentidos. Todos los datos disponibles puntualizan dicho fenómeno. Para el caso, el Fondo Monetario Internacional ha informado que desde 1999 hasta 2015 El Salvador perdió 9.5% del PIB a causa del auge criminal que viene creciendo en nuestro ambiente; y eso indica a las claras que el vínculo entre inseguridad y crecimiento es íntimo y permanente. Se necesita, pues, establecer una estrategia política que empiece a controlar a fondo y en serio la criminalidad y que a la vez contenga las facilidades y los estímulos pertinentes para detonar el crecimiento atrayendo inversión sustancial, generando empleo consistente y moviendo todos los servicios públicos hacia su máximo nivel.

Decimos que actualmente hay una gran oportunidad en el plano de los hechos porque los partidos políticos y sus candidatos que se medirán en las urnas el 3 de febrero de 2019 están crecientemente presionados a superar los esquemas electorales tradicionales en función de hacer planteamientos que no sólo sean concretos y oportunos sino que contengan agendas de realización debidamente calendarizadas y acompañadas por los mecanismos de verificación de resultados. Y esto aplica para todos los que vayan a la contienda.

Lo que la gente quiere, necesita y demanda está claro hasta la saciedad. No hay que gastar el escaso tiempo que queda para llegar a las urnas en seguir dedicándose a las consultas territorializadas, aunque el contacto con la gente siempre es positivo. Lo más urgente es que se comiencen a definir y a construir las líneas de acción que cada quien se propone desarrollar, no como ocurrencias imaginativas sino como planteamientos efectivamente realizables y ajustados al fenómeno real. Es un trabajo que, para llenar todos sus requisitos, exige a la vez creatividad y realismo.

Corregir el rumbo, enderezar las políticas públicas y propiciar prosperidad forman una especie de combo que debe funcionar en conjunto para desplegar todas sus potencialidades. Esto lo deben entender y poner en práctica aquellos que aspiren a conducir al país en los tiempos que vienen, sabiendo que la perspectiva de largo alcance es vital; y así debe ser concebida y planteada la propuesta de cada quien.

El crecimiento económico debe hacerse valer como meta básica. Y hay que lograr que en el futuro próximo lleguemos a crecer por encima del 4%. Es tarea prioritaria para salir del pantano en que nos hallamos.

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