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Una homilía inspiradora

“El papa invita a no ser tristes ante la adversidad. Aplica a la lucha contra la pobreza en El Salvador, haciendo crecer la economía con inclusión y relevo de políticos por gente con fibra moral y deseos de servir.”
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La homilía del papa Francisco el Domingo de Ramos es altamente inspiradora, extendiéndose de personas a la sociedad y al país mismo.

Dice Francisco que no debemos ser tristes ni dejarnos vencer por el desánimo, sino alegres porque habiendo encontrado a Jesús, que puede ser la verdad, no estaremos solos nunca y que aunque haya obstáculos que parecen insuperables, que hay tantos, la fe de que podemos superarlos debe prevalecer y por eso debemos ser alegres, porque en la fe está la alegría y la superación.

Por eso, por difíciles que se vean los tiempos en el país, la verdad y la justicia terminarán prevaleciendo, superaremos los problemas y las amenazas que se ciernen.

Aquí debemos identificar de qué problemas hablamos. El principal es resolver la pobreza que flagela inclemente a tantos salvadoreños, es necesario despertar en su corazón la esperanza, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo, esa de que los políticos hablan para llenarse la boca, pero no hacen nada serio y efectivo para disminuirla, aliviarla; hablan sobre ella más como instrumento para ganar más poder o porque suena bien políticamente, nada más.

La solidaridad, los regalos y las transferencias son moralmente buenos, necesarios, pero deben repartirse bien, sin corrupción, sin clientelismo político, entre quienes más lo necesitan, no a los demás, ya sean aliados o clientes políticos.

La solidaridad correctamente aplicada debe ir solamente a los más pobres. Pero la solidaridad por sí misma no corrige la pobreza: alivia momentáneamente pero no corrige estructuralmente.

La única forma de erradicar la pobreza es creando muchos y mejores empleos para que haya cada vez menos pobres, haciendo crecer la economía de manera incluyente, trabajando en que no se amplíe la brecha entre pobres y ricos para sostenibilidad.

Se combate también mejorando agresivamente la educación, la inseguridad física, los escasos y malos servicios de salud, la falta de infraestructura que permita a los pobres ser mejores, la falta de conectividad para acceder al conocimiento, la falta de agua potable y el sistema de eliminación de excretas, la imposibilidad de acceder a una vivienda digna, la falta de transporte accesible y seguro.

Todo eso debe desaparecer, es un imperativo moral para la sociedad. Los políticos en diferentes puestos de Gobierno y la dirección de los partidos políticos que por hoy mandan.

Debemos luchar todos para eliminar la marginación de los que viven aislados con carencias graves, de los hogares a cargo de una mujer, sin padre y varios hijos que mantener para que sobrevivan, de los pobres humildes, casi inexistentes para muchos, esos que no salen en las noticias ni están en la conciencia de la sociedad como prioridad.

Avanzar en ello es imposible con el actuar de hoy de los políticos que manejan el país, que se mantienen más ocupados en complots para sacar ventaja al contrario, en su insaciable sed de poder y de dinero la mayoría, con honrosas excepciones. Pero con ellos y su actitud, no resolveremos la pobreza.

Es necesario el cambio de guardia, el relevo, cada vez más se exige el cambio generacional. El relevo es necesario, pero debe estar claro que no basta con cambiar viejos por jóvenes, el relevo debe ser de gentes con valores, con visión. El renuevo exige gente de una fuerte fibra moral y de mística para servir, no para servirse, por lo que debe cambiarse el perfil de los aspirantes a entrar al poder, que no lleguen buscando los lujos y las riquezas materiales que han logrado los actuales jerarcas.

Algunos creerán que la homilía papal del Domingo de Ramos me trastornó y perdí contacto con la realidad salvadoreña, pero no es así, lo pienso con total lucidez, con fe y esperanza de que se puede conseguir si luchamos duro los que creemos en esto.

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