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Una lección para la oposición

En estos días todo el mundo, o casi todos, fuera del partido en el gobierno, insisten en la necesidad de recuperar al país de la violencia, la paupérrima educación y la deplorable salud de nuestros hospitales.
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Casi todos insisten en que el rumbo que tomamos es disperso y descoordinado; y evidencia una falta de liderazgo que nos conduce inevitablemente a perpetuar el caos que nos rodea. Los más radicales recuerdan con nostalgia tiempos que probablemente no vivieron: “si el general Martínez estuviera...”; y los más renovadores atacan con fortaleza (acaso furia) las decisiones tomadas por los grupos de poder en los partidos o instituciones de la oposición. Todo esto, sin que nadie quiera definir quién debe ser el encargado de llevar las riendas; llegando al insulto unos contra otros, acusándose de traidores y de “dividir a la derecha”. Mientras tanto, como espectadores en una sala de cine, los jerarcas oportunistas del FMLN observan y se regocijan. Casi me los imagino tomando gaseosas y palomitas de maíz frente a tan dantesco espectáculo, en donde cada uno de los actores de este lamentable circo se insultan entre sí, comienzan campañas adelantadas con el único propósito de satisfacer su vanidad, o se olvidan del interés colectivo, aprovechando cuanto espacio tengan para reforzar sus diferencias y alejarse de lograr fortalecer el denominador común, que al fin y al cabo debería ser el defender a la República y los principios libertarios y sociales que la sustentan.

Del otro lado, si algo bueno podemos decir del presidente del país es su admirable disciplina delante del partido que lo mantiene en el poder. Sabiéndose poco dotado para la oratoria, ha mantenido una distancia con los medios, evidentemente propuesta por la jerarquía; y ha aceptado con estoicismo los insultos y bromas de sus enemigos.

¿Es que acaso pretendo exaltar la figura del profesor Sánchez Cerén, como el paradigma a seguir?; es claro que no. Estoy intentando hacer notar a quienes se muestran indignados porque nadie hace nada, o por la carencia de líderes efectivos, que la lección nos la da el mismo partido al que acusamos de ser contrario a la democracia (porque efectivamente lo es) pero la enseñanza se llama “Disciplina” y “Visión política” de las fortalezas y debilidades que cada uno pueda tener. El verdadero problema de este lado del espectro político no es la falta de liderazgo, sino la torpe idea que nadie debe seguir a nadie y que todos deberían pensar exactamente igual.

El gran enemigo nuestro, al que seguramente le está apostando el Frente Farabundo Martí, es la división y un individualismo insano que evite alianzas, en donde cada pequeño partido de la oposición (porque tristemente todos se están achicando) crea que no necesita de los demás y olvide que la única forma real de atraer a las personas que creen en las libertades y que no simpatizan con el FMLN y sus constantes desaciertos es hacer un frente amplio, que incluya a la sociedad civil y del que cuando sea el momento, deberá salir el candidato para enfrentar a la tiranía o al populismo desbocado.

Si continuamos empecinados en dividirnos, en insultar al que no piensa exactamente igual en como nosotros lo hacemos; si satanizamos a todos y finalmente dividimos inclusive los partidos de la oposición en infinita cantidad de pequeñas fracciones, al final terminaremos aprendiendo con sangre la lección de la historia. Eso mismo pasó en Nicaragua y en Venezuela por 17 años: cada uno se creyó mesías y al final el Pueblo salió crucificado.
 

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