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Editorial | Una luz se asoma al final de la pandemia

Hans Kluge, director regional de la OMS para Europa, sostuvo que "una vez que esta ola disminuya, habrá inmunidad casi general en el continente durante algunos meses -por la vacuna o la natural posterior al contagio- y cuando el COVID-19 vuelva, ya no será pandémico." Menos optimista pero también arrojando luz sobre un desenlace positivo al final de 2022, el siempre reluctante al optimismo director general del organismo, Tedros Ghebreyesus, acepto que "podremos poner fin a la fase aguda de la pandemia este año, ya no será una urgencia sanitaria mundial."

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Finalmente, una luz asoma al final de la pandemia. Y la metáfora no es exagerada luego de que ayer, un experto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostuvo que la cepa ómicron ha llevado a la pandemia a una nueva fase que podría representar su final.

Hans Kluge, director regional de la OMS para Europa, sostuvo: "Una vez que esta ola disminuya, habrá inmunidad casi general en el continente durante algunos meses –por la vacuna o la natural posterior al contagio– y cuando el covid-19 vuelva, ya no será pandémico".

Menos optimista pero también arrojando luz sobre un desenlace positivo al final de 2022, el siempre reluctante al optimismo director general del organismo, Tedros Ghebreyesus, aceptó: "Podremos poner fin a la fase aguda de la pandemia este año, ya no será una urgencia sanitaria mundial".

Pero tanto estos dos especialistas como científicos, sociólogos y renombrados librepensadores sostienen que el mundo poscovid será retador debido al perjuicio de las economías, de la educación, de los sistemas sanitarios y a la escalada autoritaria que este fenómeno desató o agravó en decenas de países, El Salvador entre ellos.

Una vez vencida la pandemia, cada régimen celebrará su porción de la victoria; no es difícil imaginar la fanfarria del gobierno de Bukele, epílogo de una narrativa pletórica en artificialidades y falsedades y pobre en información transparente y en divulgación de base científica.

Pero cuando se haya celebrado el último brindis, ¿será posible ocultar las realidades y las debilidades que la pandemia ha puesto de manifiesto? Las más urgentes para garantizar a la población la benevolencia de eventuales rebrotes tienen que ver con un desarrollo sostenido y descentralizado del sistema de salud y con el acceso a vacunas y pruebas.

El apartado de vacunas versus el de pruebas resume la contradicción gubernamental que la población salvadoreña ha debido soportar. Mientras en lo relativo al –opaco– plan de inmunización, hay que reconocer que la ciudadanía gozó de acceso y facilidades que fueron fundamentales para evitar una letalidad todavía mayor. Recordatorio importante es que a la fecha no se sabe cuánto le costaron las vacunas a los contribuyentes en términos de inversión pública, un grave perjuicio a la Ley de Acceso a la Información Pública y al derecho de la sociedad a saber.

Cara opuesta han sido las pruebas de antígenos y de PCR, que durante la mayor parte de la pandemia estuvieron negadas a la mayoría de salvadoreños excepto para aquellos que pudieran pagarlas. Apenas en la recta final del año anterior, con la cepa ómicron campeando en el territorio, es que pudo verse un esfuerzo gubernamental acorde a la proporción del contagio. Las imágenes de los salvadoreños haciendo fila para hacerse la prueba son estampa tradicional este mes.

La inversión en salud, transparentar e informar sobre todo lo relativo a esa cartera y cambiar el enfoque centralizador del que se abusó durante buena parte de la pandemia son tareas que el régimen debe acometer con convicción. Asimismo, necesita renunciar a la idea peregrina de hacerlo en solitario, de espaldas a los expertos nacionales a los que en lugar de recurrir con buena disposición ha atacado por sus fundamentadas críticas al ministerio.

El final de la pandemia revelará nuevos problemas o la profundización de los que ya existían. Las autoridades deben exhibir la versatilidad y lectura solidaria que les faltó en largos paréntesis de la crisis sanitaria.

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