Una necesidad: el Organismo de Mejora Regulatoria

Fomilenio II, el proyecto de cooperación de Estados Unidos de América, ya comenzó. Según el convenio que le sirve de plataforma, su meta es “reducir la pobreza mediante el crecimiento económico en El Salvador”.
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A pesar de los resultados obtenidos con la ejecución de Fomilenio I, la reciente encuesta realizada por el Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA (IUDOP) ha mostrado cierto escepticismo en la población. Ante la pregunta “¿Qué tanto Fomilenio II ayudará a reducir la pobreza del país?”, las respuestas de “Mucho” y “Algo” suman un 35.2%; mientras que las respuestas de “Poco” y “Nada” alcanzan un 52.9%.

Eso plantea un reto importante para este nuevo proyecto y las personas a cargo del mismo. Estas deben demostrar que sí puede ser un instrumento efectivo para contribuir a la reducción de la pobreza.

Con independencia de ello, queremos destacar que dentro del componente de Clima de Inversión, el proyecto retoma el esfuerzo que desde hace algunos años se ha venido realizando para mejorar la regulación existente en nuestro país y que ya ha dado como resultado propuestas legislativas en materia administrativa.

La Actividad para la Mejora Regulatoria tiene como objeto promover “las reformas al clima de inversiones que lleven a operaciones empresariales más eficientes y lucrativas para las firmas que operan en El Salvador”. Se ha decidido que la institución encargada de ello será el Organismo de Mejora Regulatoria (OMR).

El OMR se ha conformado como una entidad adscrita a la Secretaría Técnica y de Planificación de Presidencia de la República. Sin embargo, el plan pretende que en un futuro este se conforme como una institución autónoma de carácter permanente.

En el pasado ha habido muchos esfuerzos por remover las barreras regulatorias que obstaculizan la inversión y la competencia. Sin embargo, han pasado los años y esos esfuerzos no se han traducido en cambios reales que incrementen el bienestar de los ciudadanos.

Consideramos que hay señales positivas que permiten depositar la confianza en que el OMR sí puede ser una institución que genere fluidez en la actividad económica; y que con ello se creen condiciones para incrementar el empleo y reducir la pobreza.

El OMR goza de tres respaldos importantes: el gobierno de El Salvador, la empresa privada organizada y el gobierno de Estados Unidos de América.

La entidad inicia en un oasis de concordia en medio de un desierto de tirantes relaciones entre gremiales empresariales y funcionarios públicos. Eso representa una ventana de oportunidad que debe aprovecharse, aunque hay que reconocer que a medida que avance la misión del OMR es probable que se reduzca ese nivel de armonía.

Un esfuerzo profundo de mejora regulatoria supondría tocar intereses importantes. Enfrentará posiciones políticas e ideológicas; intereses, costumbres, y hasta prácticas de corrupción enquistadas en ciertos sectores de la burocracia; y privilegios que algunos sectores empresariales pueden gozar al mantenerse protegidos de la competencia por esas barreras a la inversión que el proyecto pretende derribar.

Este momento en que Fomilenio y el OMR gozan de un apoyo plurisectorial, es cuando debe obtenerse el compromiso expreso, público y anticipado del gobierno, los partidos políticos y las gremiales empresariales para apoyar las recomendaciones de cambio regulatorio que finalmente emanen del proyecto.

De igual manera, la agilidad en la aprobación de esas reformas es un elemento indispensable. Hay que evitar que cuando finalmente se formulen las recomendaciones, el proceso de su aprobación se empantane en discusiones estériles, o en la parálisis del análisis.

Consideramos que el OMR representa una oportunidad para construir el desarrollo que no se debe desaprovechar y confiamos en que bajo la Dirección Ejecutiva confiada a un miembro y expresidente de nuestra asociación, el proyecto se encauzará en un buen rumbo para cumplir con su misión.

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