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Una nueva Asamblea Legislativa

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Javier Castro De León / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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El 1 de mayo tomó posesión la nueva conformación de la Asamblea Legislativa para el próximo trienio. Está demás decir la importancia de este Órgano de Estado para la vida de los salvadoreños, pues los diputados están llamados a representar al pueblo con las decisiones que toman; sin embargo, el problema es que, en términos generales, no hemos tenido una representación de calidad.

La Asamblea Legislativa perdió la oportunidad de mandar desde el inicio un mensaje de que las cosas se van a hacer diferentes. En su primer día de funciones pudo embarcarse en una dinámica de austeridad, pero se rehusó a disminuir de forma significativa la conformación de la nueva Junta Directiva, pues pasar de 14 directivos a 11 nos mantiene con una cantidad aún excesiva.

Es importante que la nueva Asamblea Legislativa se guíe por el interés público, para que los ciudadanos se sientan representados y no vean vacías las promesas que les hicieron los ahora diputados cuando les pidieron el voto en calidad de candidatos. Cumplir las promesas es clave para mejorar la confianza de los ciudadanos, pero también se requiere que el trabajo legislativo sea de calidad.

Un buen desempeño en los aspectos administrativos de la Asamblea Legislativa requiere una política de austeridad clara y que esta se cumpla. Deben reducirse los gastos excesivos, tales como la compra de vehículos de lujo; restringir los viajes innecesarios; revisar el número de asesores; eliminar los bonos y, en general, todo gasto superfluo. Es necesario mejorar la asistencia de los diputados a las sesiones plenarias y comisiones. Asimismo, debe haber una política efectiva de transparencia y de “Congreso Abierto”, acceso a la información y rendición de cuentas. Debe eliminarse cualquier práctica de nepotismo y de conflicto de interés, esto último tanto para adquirir bienes y servicios, contratar personal, así como para legislar. Es importante que existan mecanismos para que los ciudadanos puedan enviar correspondencia a la Asamblea y que esta sea atendida, sin necesidad de que esté acompañada de la firma de un diputado.

En cuanto a la práctica legislativa, es imperioso evitar: madrugones legislativos; abusos en las dispensas de trámites; los “combos legislativos”; cuotas y repartos de funcionarios en instituciones; atrasos en las elecciones de segundo grado; la aprobación de leyes contrarias a la Constitución; y el irrespeto a las facultades de otros Órganos de Estado. Las leyes deben ser discutidas siempre con la máxima transparencia y escuchando a los ciudadanos, expertos y sectores de la sociedad relacionados con la temática en discusión.

Es preciso afinar la técnica legislativa para que las leyes que se aprueben tengan una mejor calidad y no tengan problemas en su aplicación, evitando la sobrerregulación, contradicciones, falta de armonía, ambigüedades, etc., así como evitar legislación que sea inviable por no contar con la base técnica y financiera necesaria.

Es fundamental que la nueva Asamblea Legislativa dé señales claras de mejorar la práctica legislativa y por ende de representar de mejor forma a la población. Para el caso, pronto los diputados tomarán decisiones de gran impacto para nuestra institucionalidad democrática, como la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, en donde muchos salvadoreños esperamos que actúen velando por el interés nacional, alejados de cuotas y de intereses partidarios.
 

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