Una parábola y la realidad

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Quienes han leído la Santa Biblia, sin distingo de religiones, que es la mayoría de los salvadoreños, excepto los ateos, pero que al final de este relato estarán de acuerdo conmigo en su concepto y enseñanza, recomiendo leer “La parábola de los talentos”, en San Mateo, capítulo 25, versículos del 14 al 30, donde relata que un hombre antes de irse por largo tiempo fuera de su hogar repartió cinco talentos a un siervo, a otro dos y a cuatro más, uno a cada quien, conforme a su capacidad; después de algún tiempo regresó y arregló cuentas con ellos, el de cinco le entregó el doble, el que recibió los dos igualmente entregó dos adicionales, tres de los que recibieron un talento lo duplicaron, resultado de su trabajo con los talentos, por lo que el hombre les dijo que “eran buenos siervos, muy fieles y los pondría en el gozo del Señor”, no así el último, quien le adujo que por ser un hombre duro, tuvo miedo... “y fui a esconder tu talento en la tierra, aquí tienes lo que es tuyo”, y su patrón le dijo: “Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí, por lo tanto debías haber dado mi dinero a los banqueros y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses”, “quitadle, pues, el talento y dadlo al que tiene diez talentos, porque al que tiene, le será dado y tendrá más...”, “y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”.

¿Cuál es la moraleja de esta historia bíblica?, supongo que hasta los iletrados responderán que quien administra dinero ajeno, dirigentes de sociedades anónimas, gerentes de cualquier nivel empresarial, alcaldes municipales, gobernantes de toda nación, tienen la obligación de acrecentar los dineros de otros, del pueblo, al final de un período devolverlo con creces ya sea en efectivo o en obras de beneficio a sus verdaderos dueños, no endeudados, sin importar la cantidad que sea, la verdad es que eso lo puede llevar a cabo el capacitado, inteligente y sobre todo el que sabe cómo hacer producir lo que tiene en mano; muchos emprendedores han sacado de la ruina negocios, pero nunca se conforman con echarle la culpa a terceros, “el que sabe, sabe”, el inútil no merece el puesto, de ahí la necesidad de educar integralmente a la población para hacerla productiva y sepa al menos manejar su propio hogar, además que sepan a quién elegir para gobernarnos.

Si quien se hace cargo de dirigir un negocio que no conoce, seguramente fracasará, el refrán dice “zapatero a tus zapatos”, el que se mete a político, cuando menos debe asesorarse correctamente, no sin antes conocer lo que el diccionario define como “Política”, arte de administrar la cosa pública, conocer los deberes, objetivos, responsabilidades, origen de los problemas, forma en que los resolverá y sus consecuencias; gobernar no es fácil, desafortunadamente en nuestro país se carece de requisitos legales específicos para ejercer cargos como altos funcionarios de elección popular y de segundo grado, menos para otra cadena de administradores que la única “virtud” es ser pariente, amigo, recomendado, miembro o benefactor de determinado partido político, menos buscar la capacidad para el puesto a desempeñar, la empresa privada ha llegado a comprender la necesidad de contratar a quien está apto para cada función e incluso contribuye a la formación de su personal, con ello sus riesgos de fracasar son menores. Seamos sinceros, aceptemos la realidad.

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