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Una semana para pensar

Es cierto que hay personas que aprovechan la Semana Santa para descansar. Otros para fatigarse más en una especie de loca persecución de la felicidad buscándola precisamente donde la felicidad no existe.
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Pero la mayoría de nuestros connacionales dedican algunos momentos a reflexionar. La fuerte tradición religiosa tiene su peso y, cada día con mayor frecuencia, es difícil encontrar una actividad religiosa que no lleve a una reflexión ética en algún momento. Desde la ética personal a la social, los consejos, prédicas, reflexiones o ideas se nos presentan desde fuera o surgen en nuestras mentes. La imaginería, alfombras y tradiciones mueven nuestra imaginación y desde ella tienden a producir en nosotros reacciones moral e intelectualmente positivas. En este clima de reflexión es interesante que nos planteemos la problemática personal propia y la de nuestro país. Y a continuación pensar lo que cada uno desde su ámbito y posición en la vida puede hacer para superar todo aquello que nos impide avanzar o retrasa nuestro caminar tanto en los aspectos personales como sociales. Lo personal queda en el ámbito privado. Pero no está de más el reflexionar sobre la propia posición ante la urgencia que tiene nuestro país de acrecentar tanto la solidaridad como la generosidad individual. Un país con problemas como los que tiene El Salvador no se levanta sin la generosidad y solidaridad de muchos. En nuestro país tenemos gente espléndida. Pero nos queda aunar caminos de solidaridad y generosidad, concentrarlos en una planificación de nuestro propio futuro que despierte esperanzas colectivas y nos motive a trabajar juntos en temas básicos.

El reto de construir una Centroamérica unida no debería ser un sueño irrealizable. Porque en definitiva es la única manera de que las economías pequeñas de cada país puedan volverse relevantes dentro de un mundo globalizado. Nos une una situación geográfica común e interdependiente, una cultura cercana en muchos aspectos, una tradición importante de movilidad y de migraciones internas, una historia con soñadores centroamericanos y, en momentos tristemente célebres, también con el peso excesivo y tiránico en ocasiones de oligarcas, militares y violadores de derechos humanos. Sabemos el camino y lo que hay que evitar al caminar. Solo falta la capacidad de decisión y el liderazgo adecuado. Y aunque es cierto que en la Semana Santa se celebra el misterio cristiano de la muerte y resurrección de Jesús el Cristo, también es cierto que no se puede desligar el misterio de la salvación cristiana de un verdadero esfuerzo, responsable y caritativo, de salvación intramundana. Reflexionar hoy para caminar mañana sigue siendo un desafío cristiano, ético y ciudadano que tiene profundo sentido en esa época tan especial que llamamos Semana Santa. Tiempo reflexivo que incida en el futuro.

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