Una sociedad en derrota

La realidad salvadoreña afronta una serie de obstáculos que han convertido al país en una batalla económica, política y social que demanda la continua participación de todos los sectores que formamos parte del país.
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Basta con ser un salvadoreño común para identificar que los retos que tiene el país son de gran envergadura y que muchos de ellos parecen una meta inalcanzable, pero no son las bajas expectativas de crecimiento económico, la inestabilidad política, la delincuencia y la carencia en educación y salud los principales problemas del país. Son solo el resultado de que nos hemos convertido en una sociedad vencida.

Si bien los retos que afrontamos cotidianamente los salvadoreños son grandes no somos el único país que ha estado en estas condiciones y aun algunos han afrontado situaciones aún más desfavorables.

En cualquier adversidad somos capaces de salir adelante a menos que antes de afrontarla estemos vencidos esta enfermedad es la que vive nuestra sociedad, en donde moralmente creemos que todo en nuestro país está perdido que nada de lo que actualmente vivimos podemos cambiar, cuando este pensamiento mina nuestra sociedad nos convertimos en espectadores dejamos que lo desfavorable se convierta en nuestra realidad.

Hemos abrazado la resignación, y hemos huido de nuestro compromiso por construir un mejor El Salvador.

La realidad de El Salvador me duele, me consterna ver familias abandonar sus hogares víctimas de la delincuencia, me llena de pesar escuchar los casos de corrupción de nuestros gobernantes, me desconsuela ver un grupo de selección nacional perder una clasificación al mundial sin antes haber disputado el encuentro deportivo, pero me duele aún más la resignación y la indiferencia de muchos al creer que todo está terminado.

Una frase popular cita “hay que luchar y seguir luchando aunque solo sea previsible la derrota”. Me pregunto cuántos salvadoreños hemos dejado de luchar y aun de creer que juntos podemos construir una realidad diferente, pero El Salvador es trabajo de todo, no es un compromiso exclusivo de los dirigentes públicos, es un llamado a recobrar el sentimiento de pertenencia de amor de respeto nacional que involucra desde el presidente hasta a ti como ciudadano.

Ningún cambio puede ser posible si no lo concebimos en nuestra mente, no todo está aún perdido pero salir requiere voluntad, disposición y compromiso. ¿Cuántos lo tenemos?

Soñar con un mejor El Salvador ya no es suficiente, es tiempo de actuar, creer que los cambios son posibles. De vivir en paz, de volver asistir a un mundial, de convertir al país en un lugar de crecimiento y oportunidades.

Estoy seguro que ese es el país que anhelamos pero nada de eso es posible si no cambiamos nuestra concepción de El Salvador, patria no solo se hace en la Asamblea, ni en Casa Presidencial, se hace también en tu casa, en la escuela, en tu trabajo.

Cree en tu país, porque si no crees tú como salvadoreño ¿quién más lo hará? Aún hay esperanza, aún existe algo que nos identifica a todos por qué luchar, conviértete en solución. Juntos podemos cambiar al país.

No todo aún está escrito, aún hay batallas que librar, pero con una sociedad vencida la derrota es inminente. Yo tomo el compromiso y creo en un mejor El Salvador, ¿y tú?

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