Una sociedad merece un futuro

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Al final de una semana de descanso y meditación, hay tiempo para reflexionar y hacer un inventario país, antes que el mundanal ruido y el caos vehicular retornen. Dándole un vistazo a las noticias, la historia se repite: violencia social, familiar y delincuencial. Accidentes, homicidios, luto de La Paz al Goascorán. Un tiempo de espiritualidad, muchos, contradictoriamente, lo utilizan para beberse las penas ahogando su frustración. El hacinamiento, la miseria y la mezquindad pareciera que se trasladan de los barrios y de las colonias casi marginales a los balnearios.

Toda una alteración de una escala de preferencias en los gustos de muchos ciudadanos se suscita en esta época, familias con carros nuevos, preferentemente del año, prescinden de satisfacer necesidades como terminar su vivienda precariamente construida, para darse un baño de sol y excederse en consumo que atenta contra su salud y pregonan haber estado veraneando. Accidentes por estado de embriaguez, registra mucha frecuencia en un consumismo divergente a la de una sociedad de un ingreso per cápita de subdesarrollo.

Es solo un perfil parcial de una sociedad, cuya futura generación merece un futuro digno y que tiene posibilidades de iniciar el escape de un subdesarrollo evidente y agobiante. La voluntad de hacerlo es de todos. Es muy frecuente que se diga que esta es una sociedad que nació con la necesidad a cuestas y que por lo tanto la inmensa mayoría no tiene opciones. Yo sostengo que todos tienen oportunidades, potencialmente hablando, la diferencia estriba en querer buscarlas y potenciarlas, como lo han hecho muchos.

A veces se dice que esta es una sociedad muy politizada y excesivamente polarizada, en la que solo caben izquierdas y derechas, políticos todos, de profesión unos y principiantes otros, que no permiten el progreso, olvidando que en esa masa transitan el ingenio, la inteligencia nata, el positivismo y la audacia individual. En esta sociedad, tristemente, también transitan la falacia y el conformismo; pero no hay que olvidar que en toda sociedad siempre existe un bando antiintelectual e ignorante y otro reflexivo y filosófico. Si un porcentaje importante pertenece a estos últimos, hay esperanzas de que existan ciudadanos que concluyan: basta ya, es tiempo de tener una participación ciudadana: “Esta sociedad merece un futuro”.

¿En qué grupo estamos? En los que les importa un bledo el futuro del país y se guarecen en su metro cuadrado o en el que trata de contribuir con el futuro del país siendo apartidistas, pero homo sapiens, participando de una manera inteligente y efectiva en el destino de nuestra sociedad, con acciones, ideas y actitudes positivas.

Se trata de construir ciudadanía con propuestas para el desarrollo y la democracia participativa, como forma inteligente de tener acceso a las decisiones del gobierno, sin formar parte directamente de la administración pública central. No hay que justificar la no acción aduciendo que uno no es político o que las administraciones públicas prestan muy poca atención o aducir que los políticos se creen que ellos representan mejor los intereses de la colectividad.

Tenemos que tratar de participar aprovechando las oportunidades con sentido constructivo, con afán de aportar, “promoviendo el bien común y la cooperación con otros seres humanos”. La solidaridad juega un papel importante en la construcción de una sociedad civilizada. También la amabilidad y la disposición a trabajar en equipo. No pertenezco a partido político alguno y colaboro profesionalmente en más de una entidad que me requiere sin interés político alguno, ensayando aplicar el sentimiento griego philia, como intento genuino y profundo de vínculo humano.

Tags:

  • delincuencia
  • accidentes
  • futuro
  • sociedad
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