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Una sociedad que sobrevive (2)

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Rafael Rodríguez Loucel

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Afirmamos en el anterior artículo que "un proceso gradual y ordenado de especialización del recurso humano hizo posible la creación de bienes y servicios inimaginables a principios del siglo pasado". Causa y efecto, así de simple. Los países desarrollados hoy en día aprendieron a consumir en forma sofisticada paralelamente a formas de producir bienes y servicios sofisticados. El Salvador, como otros países, de igual grado de subdesarrollado caminaron al revés, imitaron formas de consumir contemplando instrumentos electrónicos de comunicación de alta tecnología.

El mundo de la invención siempre será el de la vanguardia que requiere de una retaguardia. La tecnología pone la imagen, la palabra y la música. "Estamos enterados de todo, pero no sabemos inventar nada"; somos ingeniosos, no para crear, sí para adquirir la invención de otros. Somos la cigarra de la fábula, nos la pasamos cantando el verano a pesar del frío invierno del mañana, "dejando que las ocurrencias se impongan a la planificación necesaria".

La tecnología ha desarrollado el cerebro del que la produce y adormece al que solo la consume. Ese ha sido y será siempre el problema; la enseñanza de cómo consumir y no cómo producir. Es como si fuese una obsesión de poseer el último modelo sin darnos tiempo y espacio para imaginarnos algo que no existe o no ha sido creado. Lo imprevisible nos agobia y nos resta tiempo para planificar, crear y reinventarnos. Reestructurar presente como una manera de reiniciar futuro y salir del agobiante subdesarrollo en el que el país se encuentra debiese ser la tarea del futuro inmediato del empresario salvadoreño.

La búsqueda de la verdad o el significado de algo requería de un esfuerzo, creatividad o ingenio. Ahora todo se puede encontrar en menor tiempo; se suprimió el esfuerzo; con la ayuda de una PC, un móvil con acceso a internet. Un buscador Google en la mayoría de veces y encontramos en un segundo lo que requería mucho tiempo y varias consultas. Dimos un salto y le evitamos a la mente calistenia. Nos acomodamos y nos hicimos adictos a lo fácil y al menor esfuerzo, pero la mente no se ejercita como lo hacen los cerebros en otras latitudes.

El avance tecnológico de la comunicación se ha encargado de que cada individuo desayune, almuerce y cene con la noticia global del momento sin tiempo para ejercitar su mente; menos para reinventarse. La brecha entre el desarrollo y el subdesarrollo lejos de estrecharse se agiganta. Esa brecha es histórica. El desarrollo se inició en el campo. La agricultura se tecnificó. Hubo emigración a la ciudad con la manufactura y el desarrollo posterior permitió el surgimiento y diversificación de los servicios. Esta última afirmación se sustenta en toda una historia de tecnificación y desarrollo del sector primario, secundario y terciario.

La historia de miles de años de crecimiento productivo y un par de siglos de innovación tecnológica acelerada creada por unos pocos países, que les ha permitido el desarrollo mental y renovación constante de su visión país. Los países hoy llamados desarrollados crearon constantemente en su largo camino existencial. Los de menor desarrollo y subdesarrollados, no inventaron, menos innovaron. Encontraron la mesa servida y hoy en día en el afán de seguir imitando copian lo malo y se desvían de su esencial visión de desarrollo.

Los programas de enseñanza en el país requieren de una revisión drástica, paralelo a los planes de seguridad para sobrevivir, generando así una sobrevivencia con propósito.

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  • países desarrollados
  • invención
  • tecnología
  • enseñanza
  • comunicación

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