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Unidos sin recelos, temores ni arrogancias

La incertidumbre a la víspera de la campaña electoral y las falsedades que circulan en su entorno dificultan medir la verdad sobre el interés en ser o no parte de este proceso. La pérdida de credibilidad hacia la clase política es una realidad difícil de combatir; el populismo, la incorporación de lujos y comodidades a sus cargos, el ascenso social sin justificación y el hueco repleto de delincuencia, corrupción y desempleo que nos aloja alejan la posibilidad de lograr resultados electorales verdaderamente representativos.
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José A. Retana

José A. Retana

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Los procesos internos con que partidos políticos han electo sus candidatos son la vía para mejorar su calidad y una oportunidad para fomentar la educación democrática. Esta fase, completada por los dos partidos mayoritarios, coloca a sus candidatos en la palestra, listos para emprender la misión de ganar la confianza del pueblo y hacerse del sillón presidencial.

Ambos candidatos son considerados “buenos candidatos”. El de la izquierda, a pesar de no ser el que gozaba de simpatías en su cúpula y generar incertidumbre en el liderazgo del partido, es un viejo miembro de la exguerrilla del FMLN, sin duda alguna garantía de la continuidad de su proyecto comunista.

En la derecha, los precandidatos rompieron el estereotipo de las dos últimas elecciones, nuevos en el ambiente político partidario, académicamente preparados, empresarios exitosos, cada uno con su propia visión de país. Sin embargo, el proceso generó desencantos, dispersando los capitales políticos que por separado los precandidatos acumularon.

La oportunidad de una reagrupación ideológica requiere un esfuerzo adicional que causa desgaste y pérdida de tiempo valioso para iniciar una verdadera campaña hacia afuera del partido. En esta coyuntura, cuando la mayoría acusa al FMLN de ineficiencia y fracaso en la conducción del país y su candidato es símbolo de continuidad, es el momento para dar una atractiva opción de cambio. Pero mientras la ocasión pasa, la derecha representada en ARENA aún vive las secuelas de un proceso precoz, sin realizar el significado de sumar liderazgos alrededor del candidato, adicionando votos ideológicos, sobrepasando la pertenencia partidaria.

Pronto estaremos observando cómo los partidos políticos intentarán concertar sus múltiples actividades de campaña, con la lógica de sus dirigentes. Los que amamos la libertad y la democracia esperamos un concepto apoyado en la armonía entre el candidato y todas las diferentes manifestaciones de poder que componen nuestro espacio en la geometría política.

Una buena campaña necesita una organización comunicacional que garantice su naturaleza, calidad, operatividad y efectividad para mantener el proyecto vigente. Sin embargo, en este afán, no puede olvidarse que la victoria va más allá de postular un buen candidato y venderlo bien, el proceso dejó nuevos liderazgos con diferentes puntos de vista, reconocerlos sin celo alguno y acercarlos al candidato lograría reagrupar a todos aquellos derechistas dentro y fuera del partido que tienen la esperanza de volver a creer.

La sólida estructura partidaria de ARENA debe mantener una organización firme y dinámica, que garantice una comunicación eficiente para que las decisiones sean verticalmente aplicadas y la entrega de la información llegue hasta el último rincón posible.

Las cartas están sobre la mesa, el momento de iniciar una campaña hacia fuera del partido ha llegado, pero es imprescindible lograr la unión del candidato, la dirigencia y todos los liderazgos vinculados, sin recelos, temores ni arrogancias.

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