Unión aduanera: reflexiones (II)

Desafíos. Si fuera algo nuevo, podría considerarse como una paradoja el hecho que los transportistas guatemaltecos amenacen con bloquear las fronteras a pocos días de que los presidentes de los países del Triángulo del Norte firmaran la Declaración del Amatillo que, se supone, constituye la base fundacional de la tan ansiada Unión Aduanera Centroamericana. Sin embargo, episodios de este tipo han sido recurrentes desde que se conformó el MCCA, con las consiguientes pérdidas económicas para los países.

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Idealmente estos incidentes deberían disminuir con la unión aduanera, por la simplificación y armonización de los trámites fronterizos, la tecnificación de los controles y la homologación de tarifas por servicios. Pero en los hechos siempre habrá más de un motivo para erigir barreras, especialmente por las prácticas desleales de comercio y fundamentalmente por las formas sofisticadas que hoy en día exhibe el contrabando tradicional y el narcotráfico. En este plano, la experiencia europea resulta aleccionadora. Pero los verdaderos desafíos están en otros planos, como lo sugieren algunos avances ofrecidos por autoridades que están liderando el proceso.

Por ejemplo, el ministro de Economía salvadoreño anticipó la “Compatibilización de los Tributos Internos para amparar las transacciones comerciales de (sic) mercancías que gozarán de libre circulación en el Nuevo Territorio Único”. Sin duda este es uno de los desafíos más formidables a enfrentar, como lo es también la armonización efectiva del arancel externo. En lo referente a los regímenes tributarios, no solo hay que considerar las diferencias que presentan en cuanto a su naturaleza y alcances, sino también la situación fiscal, que en el caso salvadoreño adquiere matices alarmantes. Y en lo arancelario para las importaciones procedentes de terceros países, la dificultad estriba en las asimetrías existentes, derivadas fundamentalmente de la multiplicidad de acuerdos bilaterales y de las políticas de fomento a determinadas actividades productivas, algunas de ellas vinculadas con el Anexo A del Arancel Uniforme Centroamericano. Incluso los parámetros tarifarios del CAFTA presentan grandes diferencias.

El hecho de que estas distorsiones estén asociadas con privilegios a sectores e incluso a empresas, dificulta su desmantelamiento. Otro desafío es el manejo de las reglas de origen considerando que, al menos en principio, se estaría en presencia de dos esquemas de integración paralelos y diferenciados: el constituido por el Triángulo del Norte y el que rige el Tratado General. Tampoco hay que desvalorizar los alcances de la cesión de la “soberanía tributaria”, la incidencia de las políticas nacionales de atracción de inversiones en la localización de empresas, los subsidios explícitos/implícitos que favorecen la producción nacional, la calidad de la infraestructura que puede definir el punto ingreso de bienes extranjeros y, ligado a esto, la forma cómo distribuye el producto del arancel aplicado a los mismos.

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