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Unión aduanera: reflexiones (y III)

Alcances y perspectivas. En las dos entregas previas tratamos de destacar la importancia que reviste la iniciativa de los países miembros del Triángulo del Norte de crear una unión aduanera y los desafíos que plantea ese estadio superior de integración prevista en el Tratado General de Integración Económica suscrito en 1960. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces, pero lo importante ahora es la decisión política de materializar ese viejo sueño, sin minimizar los escollos que pueden encontrarse en el camino.

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Unión aduanera: reflexiones (y III)

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A propósito de esta iniciativa, no hay que olvidar los desencuentros que se dieron entre las administraciones de Funes y de Pérez Molina, según se supo en su momento, por las pretensiones de cada uno de asumir el liderazgo en la región. Esto se vio claramente reflejado en la ausencia del mandatario salvadoreño en las cumbres presidenciales, excepto cuando estas se realizaban en Nicaragua. Estos hechos debilitaron la institucionalidad regional, pero no el comercio, porque al fin de cuentas la integración real la hacen los empresarios, no los gobiernos.

Sin embargo, esto le da más validez a la iniciativa del Triángulo del Norte, que tiene en la “Alianza para la Prosperidad” un punto de partida muy importante. La convergencia de la política comercial, la de inversiones y el libre tránsito de personas deberían facilitarse porque esta los cohesiona y favorece su crecimiento. Obviamente a toda la región le iría mejor si todos los países caminan en la misma dirección. Se sabe que la puerta está abierta y que con Nicaragua ha habido acercamientos, pero ¿qué pasaría con Costa Rica y Panamá? El caso tico se antoja más difícil, por su reconocida actitud frente al MCCA, su indiscutible celo por proteger su identidad democrática; amén de su omnipresente diferendo con Nicaragua por cuestiones fronterizas.

Es cierto que estos procesos pueden perfeccionarse por aproximaciones sucesivas, pero también las disfuncionalidades iniciales pueden desembocar en posiciones individuales menos permeables a la cesión de espacios, como los que suponen las políticas supranacionales. En este punto, vemos en la libre movilidad de personas uno de los principales escollos. Igual hay que reconocer que la región está virtualmente fragmentada, políticamente hablando. La pregunta es: ¿podrán cohabitar en un estadio superior de integración regímenes políticos totalmente apartados de los valores de Occidente, con otros que mal que bien han abrazado la libertad como forma de vida y uno solo con una trayectoria intachable democrática? Este, además, le apuesta a las grandes ligas como OCDE. Aun así, reiteramos nuestra visión de que solo unidos podemos ser viables.

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PD. En memoria de Mauricio, casi un hermano, con quien compartimos sueños por una Centroamérica unida.

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