Uno de los signos principales del tiempo actual es que la democracia se halla a prueba en todas partes

Recorremos, sin duda, una época que está trayendo significativas novedades casi en todos los órdenes. Es como si la realidad se hallara de pronto en un salón de espejos, en el cual todos sus ángulos pudieran ser visibles al mismo tiempo.
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Uno de los signos principales del tiempo actual es que la democracia se halla a prueba en todas partes

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Nunca antes había sido posible tal experiencia, porque en el pasado, aun el reciente, el mundo parecía un rompecabezas irremediablemente disperso. Por contraste, en nuestros días todas las piezas son identificables, lo cual nos pone ante la evidencia de que en lo básico los seres humanos –independientemente del desarrollo que se tenga—padecemos trastornos muy similares y somos capaces de avances muy parecidos.

La política, por supuesto, no es ni podría ser ajena a tal fenómeno. Y esto implica que en el convivir político, que cada vez se hace más inevitable, hay que ir desarrollando mecanismos de conocimiento mutuo que permitan entender la realidad tal como es. Uno de los ejemplos actualísimos en este campo es el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, luego de más de 50 años de distanciamiento casi total, desde que la isla asumió el comunismo como régimen de vida. Hoy la realidad se impone y la normalidad va ganando terreno. Hay que conocerse para reconocerse. Al respecto, Ben Rhodes, asesor de Barack Obama en política exterior y uno de los gestores del proceso de normalización de las relaciones cubano-estadounidenses, ha dicho sensatamente: “Ningún país es un monolito, y poder entender cómo piensan y planean su futuro los diferentes componentes de un Gobierno es importante”.

Ese conocimiento para el reconocimiento constituye pieza clave en cuanto a otro fenómeno típico de este tiempo: la convulsión global de las democracias establecidas o en plan de establecimiento. Tenemos muchos casos a la mano, cada uno con sus características propias: España, Estados Unidos, Grecia, Argentina, El Salvador… Muestrario abierto. España: el desencanto por los partidos tradicionales hace surgir nuevas formaciones, lo cual trastorna el ejercicio de la gestión gubernamental. Estados Unidos: la normalidad democrática recibe la amenaza del resentido “sentimiento blanco”. Grecia: la crisis desemboca en una rebelión política frustrada. Argentina: los estragos del peronismo recurrente ponen al sistema en la necesidad de hacer correcciones traumáticas.Y El Salvador, la conflictividad en vivo.

Desde luego, El Salvador es lo que más nos importa, porque es la problemática en casa. Una problemática que se ha salido de cauce en tantos sentidos. Nuestra democracia está aprendiendo a serlo, con una mezcla de apremios, despistes y resistencias. En realidad, para que el país tome el rumbo que corresponde es indispensable que los gobiernos sucesivos se pongan en línea con la realidad del proceso democratizador. Ese es un ejercicio que está por encima de las diferencias ideológicas, y por consiguiente son estas diferencias las que tienen el deber de someterse a la lógica del proceso sin renunciar a ser tales. Las dificultades que padecemos provienen, en buena parte, de no querer reconocer dicha lógica como un compromiso inevitablemente compartido. Si esto último se aceptara y se cumpliera entraríamos de inmediato en fase interactiva natural, en vez seguir guerreando artificiosamente como si aún no se hubiera desenlazado el viejo conflicto.

La democracia vive, pues, pruebas de resistencia en todas partes. Y el hecho de que sea así, con todas las incomodidades y ansiedades que eso genera, es demostración real de que hay una energía histórica reconstructiva en movimiento. Cada zona y cada país viven y vivirán sus propias experiencias, que son aleccionadoras para todos. Estamos en ese salón de espejos al que nos referíamos al principio, y tal ubicación por momentos da vértigo y por momentos incita a conciliar imágenes. Todos aprendemos de todos, y ahí está la fórmula del nuevo acontecer global de cara al futuro.

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