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Urge nacionalizar el transporte de pasajeros

Hay tres actividades con caracteres de empresa sumamente dañinas para los salvadoreños. El narcotráfico, la trata de personas y el transporte colectivo terrestre, o sean los buseros, como se llama entre despectiva y desoladamente, a sus titulares. Elementos de la empresa son: capital, empresario que dirige y arriesga, técnica; y personal, ejecutivo u operacional.
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Los tres desarrollos mencionados tienen tales elementos.

Los romanos que como nos enseñaron a inicios de los estudios de la carrera de leyes fueron gigantes en Derecho Civil y enanos en el Derecho Penal, en esta última rama formularon una distinción maestra e inmortal. Hay delitos malos en sí; y delitos malos porque son prohibidos, dictaminaron.

El accionar de los narcos, los coyotes y los buseros es delito en sí mismo parcialmente; y en parte porque está prohibido.

El tráfico de drogas no es delito en su esencia. Hay centenares de drogas, incluso contentivas de heroína u otra de las comercialmente vetadas, que circulan por toneladas con fines médicos. Muchos creen, y sobre la marihuana se sostiene desde hace ratos, que la legalización de la droga acabaría con el crimen organizado. La negociación se convierte en fechoría, por la violencia que la cobija; y el daño que deliberadamente se trata de infligir, especialmente en jóvenes y niños.

La trata de personas es delito per se, cuando alimenta la prostitución, la esclavitud, el execrable tráfago de niños y órganos, no la que realizan nuestros criollísimos coyotes. Pues qué pecado es, en sustancia, tratar de reunificar familias, ayudarle a conseguir empleo al desocupado, sacar de la miseria al que escapa de ella. El coyotaje hecho con rectitud, sin engañar ni traicionar al cliente, garantizándole el arribo a su destino, es delito solo porque es prohibido. Buenas razones tiene el gran hermano del norte en proscribirlo y en pedir a sus amigos que le ayuden en la veda; pero eso no muta la naturaleza de la prohibición, que sigue obedeciendo a motivos legales, no humanitarios.

El buserismo, del que no por el nombre escapa el microbuserismo, tiene en su raíz un delito nato cuando empieza por la obtención ilícita o corrupta de la línea. Continúa torcido de naturaleza, en su comisión de infinidad de delitos de riesgo, como correr a excesiva velocidad, sobrecargar las unidades, pelear vía, sobrepasar en curva o viajar con las puertas abiertas.

Culmina el íter criminoso cuando se asesinan peatones; o pasajeros del propio o del ajeno vehículo. Cuando se dejan inválidos, ciegos, mutilados, carros o casas destruidos.

Es un delito de lesa sociedad durante ejercicios como el paro reciente. Otra vez hemos visto pagar culpas ajenas a multitud de salvadoreños humildes, trabajadores, gente de bien, vilipendiada por el grupito de dueños del transporte. En fin, la forma en que se ejerce normalmente, el buserismo es delito malo por sí que debiera castigarse y prevenirse con la cárcel.

Pero si en sus puntas extremas como asesinatos de ancianas cruzando por las franjas de seguridad o de niños transitando fuera del pavimento, la norma es la impunidad, el remedio a intentar es otro. La nacionalización propuesta por Rubio Fabián es una; o las que en el marco de la más respetable economía de mercado se vienen sugiriendo en estos tiempos, la centralización en una sola empresa que evitaría las principales lacras como son lo que un alto funcionario señalaba recientemente: la carrera por llegar primero que nadie; o la atomización, para evitar la guerra sin exclusión de golpes de todos contra todos.

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  • Transporte
  • pasajeros
  • nacionalizar
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