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Urge revisar programas de niñez y adolescencia

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Eduardo Rohde Schell

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Transcurrida una década desde la creación en el país de la Ley LEPINA, cuyo objetivo fue mejorar las condiciones de la niñez y adolescencia y detectar vulnerabilidades, es imprescindible revisar si se han concretado los resultados previstos: una transformación con cambios profundos en lo estructural, social y legal. Paralelamente, se dio un traslado de instituciones fundadas por benefactores particulares a manos del Estado. Se informó, en su momento, que el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y Adolescencia (ISNA) no contaba con los espacios físicos para lo que pretendía la ley, y, gradualmente le incorporarían los cambios que la experiencia determinase.

A estas alturas, pregúntase la población, ¿cuáles han sido los resultados del nuevo sistema?, ¿estrategias aplicadas a los retos actuales, respecto a delincuencia, migraciones, adopciones, normativas del menor infractor, etcétera? Recuérdese que Hogares e instituciones con fin similar, diseminados en toda la república, realizaron satisfactoria labor, con programas de formación integral, incluidas la práctica de valores y lo vocacional, que proporcionaron a los jóvenes las armas y recursos para su inserción laboral en el futuro.

Los peligros que acechan a la niñez y adolescencia exigen una constante y profunda revisión de la Ley LEPINA y todo su engranaje aplicador. Existen muchas interrogantes sobre el tema, entre ellas si se le ha dado verdadero seguimiento, una auditoría amplia, a lo actuado hasta la fecha. Si no es así, las correcciones no deben esperar.

Cada vez incrementa la preocupación de dar fiel cumplimiento a los derechos de los niños y adolescentes, por su vulneración en el ambiente hogareño y entorno y en la escuela. A propósito. Defínese como niña o niño la etapa desde el momento de la concepción hasta los 12 años cumplidos y nomínase adolescente, el ciclo subsiguiente hasta los 18. Etapa preocupante constituye el inicio de la pubertad (12-15 años), cuando los jóvenes, hembra y varón, sufren profundos cambios biosíquicos. Factores inductores para que sean presa fácil de la delincuencia, son pobreza extrema y bajo cociente intelectual (CI). Esta oligofrenia propicia inestabilidad emocional. Lamentablemente, los embates de la violencia e impacto traumático que reciben no pueden ser enfrentados con la efectividad deseada, pues el sistema docente público carece de la cobertura de suficientes sicólogos; dicha tarea la realiza cualquier profesor con el rango de orientador.

Sobre la estructura del Consejo Directivo, órgano jerárquico del CONNA, hacemos una observación: debe contar con una mayor participación de la sociedad civil y que esos elementos tengan sólidos conocimientos en derechos humanos.

El optimismo y expectativas que acompañan un cambio gubernamental constituyen el momento ideal para estructurar un modelo educativo con identidad y experiencia propias, libre de conceptos importados. Personas capacitadas hay, siempre que la politiquería y el amiguismo, una vez más, no coloquen infranqueables trancas a lo proyectado.

Tags:

  • Ley LEPINA
  • ISNA
  • jóvenes
  • derechos
  • modelo educativo

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