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Urge un pequeño cambio desde la escuela, desde el aula (2)

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Ricardo Bracamonte / Máster en Evaluación y Política Educativa

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Hace poco, en el quinto grado de una escuela pública, un maestro, al ver acercarse una visita, alzó la voz y dijo "¡uno!", los niños se pararon de inmediato. El maestro dijo "¡dos!" y los niños, en coro, respondieron "¡buenos días!" El maestro dijo "¡tres!" y los niños se sentaron en absoluto silencio. "Aquí, en mi salón de clase, las risas son el número 5 y aplaudir, el 7. La carta didáctica se cumple a cabalidad y nadie se sale del huacal", sentenció con orgullo el docente; en el grado vecino, por el contrario, el griterío y las carreras de los niños no dejaban escuchar la voz de la maestra, desbordada por el relajo.

Recordé este incidente mientras leía el artículo "Las emociones van a la escuela", de la pedagoga estadounidense Linda Lantieri, quien explica que desde 1997 implementa un sistema de educación social y emocional donde los niños aprenden variedad de habilidades para manejar sus propias emociones y resolver conflictos de manera creativa y sin agresividad. "Esto les va a servir en la escuela y durante el resto de la vida", concluye.

La destacada maestra en el campo de la educación para la paz enumera los pasos del método: en primer lugar, el niño debe aprender a regular las emociones propias para lidiar con el estrés y los impulsos. En segundo lugar, ser capaz de ponerse en el lugar del otro y reconocer y apreciar las semejanzas y diferencias individuales y de grupo. En tercer lugar, establecer y mantener relaciones saludables y gratificantes basadas en la cooperación y resistir la nociva presión social. En cuarto lugar, prevenir, gestionar y resolver los conflictos interpersonales. En quinto lugar, tomar decisiones basadas en las normas éticas, las preocupaciones de seguridad, las normas sociales apropiadas, el respeto por los demás y las probables consecuencias de las acciones. En sexto lugar, aplicar la habilidad de tomar decisiones en situaciones académicas y sociales, y contribuir al bienestar en la escuela y en la comunidad.

¿Cómo hacerlo? Permitir a los niños involucrarse de forma activa en su propio aprendizaje y tener el tiempo suficiente para practicar, reflexionar y reforzar sus competencias; además de crear un entorno propicio para el aprendizaje que sea seguro, respetuoso, solidario y bien gestionado. Cambiar el entorno en todo el centro: las aulas, los pasillos, el patio, los clubes sociales, la actitud de los empleados de la escuela.

El maestro del quinto grado, prácticamente, tiene militarizada la emoción de los niños; mientras que la maestra vecina ha abierto la compuerta del libertinaje y los niños no encuentran la fórmula para auto moderarse.

Daniel Goleman, creador de la Inteligencia Emocional en 1995, dejó sentado que "el pensar y el sentir, contrariamente a lo que expresa la sabiduría popular, no son polos opuestos"; por eso, no se puede dar solo la formación de contenidos y luego la formación emocional, deben ir fusionadas siempre.

Los estudiantes deben sentirse bien consigo mismos y seguros en la escuela y en el hogar. Fomentar esto es no solo correcto, sino que es una estrategia para que los niños triunfen a nivel académico.

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