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Urticarias legislativas (1)

Irreverencia al orden establecido. Por supuesto que no son infalibles; tampoco están inmunizados contra el virus de la política.
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Como humanos pueden equivocarse. Igual hacen política al salvaguardar la constitucionalidad y en general hacer cumplir las leyes que norman el funcionamiento del Estado y tutelan la convivencia ciudadana. Supongo que en la etapa por la que atraviesa el país, su trabajo se vuelve más complicado y exigente para que se respete el orden establecido. Esto incluso conlleva el riesgo de que sus decisiones sean tomadas de pretexto por quienes los combaten, para intentar desestabilizar el sistema. Estamos hablando de la Sala de lo Constitucional.

Es claro que no todo el mundo está de acuerdo con algunas de sus sentencias, históricas por lo demás. Esperar lo contrario sería vivir en un mundo irreal e ignorar resabios de un pasado azaroso, pues todavía campean la intolerancia, el revanchismo y el odio de clases con expresiones a veces más grotescas que antaño. Por eso la mayoría respalda a la SC, que se ha convertido en una barrera para detener los excesos que están poniéndole obstáculos al proceso democratizador.

Desafortunadamente, aun con los cambios que ha experimentado la justicia constitucional a partir del nuevo escenario construido con el Acuerdo de Paz, las sentencias de la SC y ella misma se han convertido en el blanco del cinismo que se estila en la clase dirigente y más concretamente en el partido gobernante. En el fondo resienten que el control constitucional afecta y entorpece sus intentos de tomarse todo el aparato del Estado, como ocurre en todo gobierno autoritario. Son los mismos que ignorando una historia plagada de casos de conducción política fracasados, le niegan la oportunidad a la sociedad de disfrutar de las virtudes de una democracia funcional, para privilegiar un esquema de gobierno donde la institucionalidad en que se asienta el sistema desaparece.

Obviamente, todas las sentencias de la SC que le han puesto paro a estas intenciones aviesas les provoca urticaria a quienes se consideran los únicos redentores de la Patria. Y para exhibirlos, solo basta recordar la intentona de someterla a sus dictados, mediante el nefasto decreto 743, su triquiñuela de imponer a miembros de dicha instancia violando principios constitucionales, poniendo incluso en entredicho nuestra soberanía, o designando a funcionarios (léase presidentes del CNJ y magistrados de la CC) para manejar a su antojo entidades claves e inclinarlas a su favor en los procesos electorales o para blindar la cloaca de la corrupción.

Hoy con las sentencias que nuevamente tocan intereses mezquinos o le enmiendan la plana a los diputados que votaron de manera truculenta una emisión de bonos, los cuatro ya célebres magistrados de la Sala son señalados como amigos de los delincuentes, golpistas y hasta de haber incurrido en prevaricato. No deja de ser una desfachatez que en este último caso sea el anterior presidente del congreso, que violó cuanta norma le impidiera construir su propio califato, quien haya puesto un aviso en la FGR. Lo lamentable es que sus huellas permanecen frescas en el Salón Azul. Esto nos da pie para recordar aquel decir: “hoy los pájaros les tiran a las escopetas”.

Para proteger a diputados que no representan a nadie, otros dirigentes han amenazado con acudir a instancias internacionales para denunciar los excesos de la Sala, sabiendo que sus sentencias son de estricto cumplimiento y que no pueden ser desobedecidas por nadie, así sea el mandamás de otro órgano del Estado. Nosotros estamos dispuestos a estimular a quienes se sientan dañados, directa o indirectamente, a que vayan a tocar esas puertas para que denuncien ante el mundo entero las “arbitrariedades” cometidas por dicha instancia. Pero al hacerlo, deben de estar precavidos del ridículo que harán, al poner cínicamente como pretexto el irrespeto a la institucionalidad, cuando los verdaderos causantes de que la democracia tropiece una vez y otra también son ellos mismos. Y con las amenazas de desacato y las plenarias quincenales les irá peor, porque la paciencia colectiva está llegando a límites intolerables ante los desmanes de quienes detentan el poder.

Tags:

  • institucionalidad
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