Vale la pena votar

¿Podremos volver a confiar en los candidatos y en los políticos? Si no encontramos razones para confiar en los demás, tampoco las encontraremos para confiar en nosotros mismos.
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Por eso, vale la pena ir a votar, especialmente porque ellos son la esperanza para cambiar la situación nacional adversa. En lugar de frustrarnos, seamos el cambio que esperamos en los líderes de cualquier sector yendo por delante en querer ejercitar la democracia en el marco de la moralidad y del orden jurídico legalmente constituido, pensando en el bien común.

El que confía se arriesga, pero consigue ser más feliz. Si confiamos que podemos ser mejores humanos, ciudadanos correctos, personas virtuosas o llenas de valores activos, entonces la “esperanza de conseguirlo nos dará alas para hacer el esfuerzo y si uno quiere llamar autoconfianza a esta esperanza, entonces la confianza fomenta el merecimiento de confianza...” (Speamann).

¿Por qué motivos confiar de nuevo en nuestro sistema democrático? Dos razones para tener confianza limitada en personas que no conocemos son, en primer lugar, que a largo plazo tener en cuenta hasta cierto punto los intereses de los demás satisface también los bienintencionados intereses propios; y segundo, porque es normal que la mayoría de los hombres, a excepción de los suicidas, persigan su propio interés, lo cual no es malo. La idea no es confiar en quien busca un interés egoísta, sino en aquel o aquella que sabemos por experiencia que tiene el hábito o el carácter afianzado de mirar siempre por los intereses de los demás.

Es obvio que nadie es completamente dueño de su destino ni tiene autonomía absoluta. Si los ciudadanos quieren de verdad crearse espacios libres donde poder ejercer su autodeterminación y autoafirmación deben apoyarse en la cooperación y la confianza mutua. Dependemos incluso de nuestros ancestros porque utilizamos sus invenciones y vivimos de los valores que nos inculcaron.

La Democracia es el sistema que mejor permite la participación activa de los ciudadanos. Pero para que la democracia sea auténtica debe respetar la dignidad humana, ordenarse al bien común y respetar una correcta jerarquía de valores. Creo que tenemos la materia prima y la capacidad intelectual para crecer como una sociedad sana. Sin embargo, para superar los desencuentros sociales, es necesaria una revolución ética y de espíritu de servicio que nos ayude a recuperar los valores que han hecho grande a El Salvador.

Establecer la democracia en El Salvador ha costado mucha sangre y el esfuerzo de 23 años por consolidarla. Por eso, para defenderla se requiere valentía para seguir esperando a pesar de que haya todavía quienes se lucran de la política, ya que ahora con el voto por rostro se puede cambiar las cosas.

Hoy domingo, el destino está en manos de cada persona, y cada nación tiene los políticos y funcionarios que se merece. Consecuentemente, nunca como antes en el pasado, el futuro ahora está en manos de la sociedad civil. Voy a votar por diputados y alcaldes de ARENA porque ellos defienden los siguientes principios: familia, empresa/libre mercado e iniciativa, vida desde la concepción; la posibilidad de educar a mis hijos en la identidad cristiana; solidaridad y subsidiaridad; el emprendimiento y las libertades individuales. Quiero que ellos empujen políticas públicas que fortalezcan la familia pues la paz nace en los hogares fuertes.

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