Valentía para sembrar la Paz Política

El Consejo Pontificio “Justicia y Paz” emitió en 2004 el “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” inspirándose en los Evangelios y la Ley Natural, para recordar al mundo principios cristianos y de convivencia necesarios para vivir la armonía en la sociedad.
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Solamente viviendo la justicia y la libertad (de expresión, de culto, de prensa, de educación, etcétera) se puede llegar a la Paz. (Me sumo a la condena mundial del #CharlieHebdo, movimiento iniciado en París, pues aunque no me gustaran sus irrespetuosas caricaturas, no se puede matar a nadie que piensa diferente). Estoy orgullosa de celebrar los 23 años de la Firma de los Acuerdos de Paz, aunque mi generación no fue parte del conflicto, pero sí sufrimos la guerra durante la época de universidad.

Con la venida del secretario de la ONU, parece conveniente reflexionar y no olvidar que una sana laicidad y un Estado moderno no consideran la ética ni la fe (religión) como un lastre del que hay que desprenderse para volar hacia la democracia. Hay que corregir el rumbo y volver a llenar las alforjas de valores morales para avanzar con paso firme hacia el progreso. A veces, los legisladores, los gobernantes y lo gobernados olvidan que el Estado moderno se fundamenta en principios anteriores a la existencia de este y de la Ley Positiva y que, a veces, la conciencia no permite adherirse a lo que emana de las instancias legislativas o judiciales, pues ni la Sala de lo Constitucional ni la soberanía parlamentaria tienen potestad para cambiar la Ley Natural.

Monseñor Romero estuvo a lo largo presente de toda la celebraciones de los Acuerdos de Paz. A él seguro que le gustaría que quienes gobernasen fueran respetuosos de las leyes humanas y divinas. Las enseñanzas de San Romero deben utilizarse para fomentar valores a favor del respeto de la vida (del enemigo, de un no nacido, de una persona de LGBT, de otro partido, sin importar si es rico o pobre, etcétera). El curita de Ciudad Barrios coincidiría con el querido curita global, el papa Francisco y San Juan Pablo II: “El nuevo nombre de la paz es la solidaridad”.

El respeto por la cultura occidental (de origen liberal bien entendido) es la base efectiva para promover la paz, ya que la fe y razón se purifican mutuamente, superando resentimientos, prejuicios o terquedades de líderes. El Compendio de Doctrina Social anima a los ciudadanos y gobernantes a inspirarse en un “humanismo integral y solidario que pueda animar un nuevo orden social, económico y político, fundado sobre la dignidad y la libertad de toda persona; un nuevo orden que se realiza en la paz, la justicia y la solidaridad. Este humanismo será posible si cada hombre y mujer y los diversos grupos humanos saben cultivar en sí mismos las virtudes morales y sociales y difundirlas en la sociedad, de forma que se conviertan en hombres nuevos y en creadores de una nueva humanidad con el auxilio necesario de la gracia divina” (GS, 30) (n. 44)”.

Ha llegado la hora de construir responsablemente un futuro de esperanza y de paz política. Dios es el dueño del mundo y se lo presta a los valientes para ahogar el mal con abundancia de bien.

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