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Veamos con lupa los próximos comicios

Debemos usar la mejor percepción para analizar el panorama político, con descarte de populismos y pretendientes.
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Ojalá toda la población salvadoreña esté compenetrada de lo que significan las elecciones para diputados y alcaldes y posteriormente las presidenciales, con respectivas fechas de realización del 4 de marzo de 2018 y 3 de febrero de 2019. Estos eventos cívicos son cruciales para el país, porque está en juego su destino y lo que hagamos o dejemos de hacer incidirá en nuestras vidas a corto y largo plazo. Debemos usar la mejor percepción para analizar el panorama político, con descarte de populismos y pretendientes, escasos de credibilidad, pues algunos han tenido tanta circulación gubernamental –como gastados facsímiles– que no impactan en las expectativas de los comicios. Asimismo se tiene que observar con detenimiento la “letra menuda” de sus ofertas.

Son de suma importancia en las elecciones, tanto los protagonistas principales: ciudadanía votante y candidatos, como los actores de reparto, los cuales, de diversa manera, acompañarán y vigilarán el proceso: Tribunal Supremo Electoral, juntas receptoras de votos, fiscales electorales, observadores y la sociedad civil a través de sus entidades más representativas. Ese haz de voluntades dictará el veredicto de si los resultados obtenidos se etiquetarán como satisfactorios y transparentes.

Ciertos acontecimientos advierten de la peligrosidad de caer en viejos errores, por eso, mucho ojo en lo que corresponde al terreno de los procesos técnicos que certificarán el correcto desarrollo de las elecciones. Existe también el temor que partidos pequeños, por sus ansias de crecer en proselitismo, den pasos desacertados, abriendo espacios a oportunistas y figuras “flotantes”. Aunque la inteligente ciudadanía hoy con más experiencia evaluativa, hará los análisis acertados en busca de balances parlamentarios y consensos para aprobar leyes de provecho nacional.

Invitamos a una reflexión. No debemos exigirle al gobierno en turno, surgido de las elecciones al menos en sus inicios, enderezar prontamente las políticas erradas que han dado al traste con los indicadores económicos, sociales y de seguridad de la nación, este último con incoherencias por los muchos recursos designados y mal orientados para optimizarla. Requerirá tiempo y creatividad, diseñar nuevas estrategias contra la delincuencia e incrementar la inversión y generación de empleo, fortalecedores del núcleo familiar que frenen en los hijos el optar por los malos caminos y la migración. Un Plan Nacional debe contener el correctivo de estas falencias.

Recordemos que, intencionalmente o por su mala cabeza, el gobierno actual ha socavado las estructuras del país y la tarea de verdaderos cambios por los funcionarios que lleguen del abanico partidista no será tarea fácil. Tendrá que reconstruirse la economía y la dinámica fiscal; asimismo, enfrentar frontal y decididamente, aquellas fuerzas tradicionales que viven empecinadas en zancadillear la democracia.

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