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Venezuela hacia la rebelión...

Llegué a Venezuela a inicios de los ochenta; tuve el privilegio de convivir y conocer personas maravillosas en Caracas –desde Carapita hasta Vista Alegre–, en Cojedes –desde El Pao hasta San Carlos– y en Carabobo –desde Valencia hasta Maracay.
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En esa época –pese a la corrupción de Adecos y Copeyanos– era un país relativamente tranquilo, con una economía estable; el dólar estaba a 4.30 bolívares; podías comprar cualquier cosa, salir y disfrutar los Médanos de Coro, el Cerro El Ávila, Margarita, el llano, los Tepuy, Los Teques, el Pico Espejo o la infraestructura industrial y petrolera del Zulia. Entre Gaitas, hallacas, Toros coleados o disfrutar la buena música de Giordano di Marzo o Ilan Chester la vida del venezolano promedio era próspera. Allí trabajé, estudié, conviví con gente de diversos y antagónicos estratos sociales; era un país envidiable, con todos los accidentes geográficos y climas que uno se pueda imaginar. Pero eso no es todo: también mucho petróleo, diamantes, metales, y sobre todo gente muy afable.

Conocí la religiosidad popular a fondo: desde María Lionza, pasando por Negro Primero, el Dr. José Gregorio Hernández hasta llegar al Libertador Simón Bolívar; una riqueza cultural y artística sin precedentes...

Después de algunos devenires... fui formado e influenciado académicamente por gente venezolana de primer nivel, entre ellos: Rafael Carías, Diego Padrón, Roberto Sipols y hasta el actual superior general de los jesuitas: Arturo Sosa. Nunca podré olvidar una tradicional partida de dominó con Luis Delgado y Rafael Caldera, una noche, en la Calle 12 de Vista Alegre... o mis inolvidables charlas con Atilio Crestán y su “One, Two, Three”, María Reyes Noda, Tomás Delgado y el Toro...

Esa Venezuela que conocí y dejé en 1989 comenzó a transformarse, y hoy se hace pedazos... la revolución chavista y el socialismo del siglo XXI intentó revertir los planos sociales, poner en la cima a los pobres y olvidados, y en el sótano a la oligarquía; el experimento está dando resultados desastrosos, no solo en materia política o democrática, sino también en el contexto social. No ha sido buena idea acabar la pobreza destruyendo la riqueza...

La rica y abundante Venezuela hoy es un caos: no hay medicinas, alimentos y aunque parezca increíble ya escasea la gasolina... Más allá del imperialismo y el intervencionismo, hoy en Venezuela hay presos y perseguidos políticos, la institucionalidad se va deteriorando a pasos agigantados, y pasamos del liderazgo de un militar pseudo-marxista al auge de los boliburgueses hasta terminar con un personaje políticamente impresentable.

Venezuela se subió al carro del nuevo socialismo, y solo sustituyó el imperialismo español de Bolívar por el imperialismo Yankee de los Castro; paulatinamente fue aglutinando a un grupo de presidentes que tuvieron una oportunidad histórica de transformar sus países –por el fracaso del Neoliberalismo– y en lugar de aprovechar la oportunidad histórica del equilibrio ideológico, se anquilosaron en el poder, y comenzaron a vivir como oligarcas con un discurso marxista; los hijos y familiares de Lula, de Kirchner y Ortega son un claro ejemplo del desparpajo ideológico: discurso socialista, vida hiper-capitalista. Leí por ahí: El producto mejor terminado del Neoliberalismo es el pobre de derecha... (y agregué) y el del Socialismo el Rico de Izquierda. El primero tiene cierta lógica perversa, el segundo es un insulto a la ética...

Tristemente, todo indica que la única manera de solucionar este problema es irse por la vía de una rebelión civil...; no hay elecciones ni mediaciones que valgan, no quieren dejar el poder, y quien se oponga es traidor, oligarca o imperialista... Mientras la propia izquierda venezolana de Rangel y Petkoff miran con extrañeza...
 

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