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Verano incandescente

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Verano incandescente

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<p>[email protected]</p><p></p><p></p><p>Esta semana terminó oficialmente el verano en el Norte, pero “verano” e “infierno” se gemelaron de manera dramática en Estados Unidos. Unos 100 megaincendios calcinaron más de 600,000 metros cuadrados de bosque y áreas rurales en Idaho, Montana, Utah, Nevada, Arizona y California; y en Colorado, una verdadera pared de fuego puso al estado de rodillas, arrasando con cuanto halló a su paso durante días. El daño ambiental es terrorífico, y el daño humano y psicológico incalculable.</p><p>La verdad de las mentiras sobre el cambio climático es cada vez más evidente. Y la realidad está mostrando que la verdad es una sola. El cambio climático es más real que nunca, y pretender ignorarlo es un craso error, del que talvez nos arrepintamos muy tarde.</p><p>También la carrera presidencial está que arde, pero a solo cuatro meses de las elecciones, poca o nula referencia se hace en las campañas contra el calentamiento global. Si del lado demócrata apenas se menciona el tema, del lado republicano los candidatos no ocultan su franca oposición a toda regulación que busque proteger el ambiente. Para ellos el tema de economía y productividad tienen prioridad total.</p><p>Algunas figuras muy visibles del Partido Republicano se oponen por definición y por principio a aceptar que el cambio climático es una consecuencia directa de la acción irresponsable del hombre sobre el planeta; es decir, que es fruto de la contaminación indiscriminada de tierra, aire, agua y todas las fuentes que sostienen la vida.</p><p>Una de las consecuencias de esta irresponsable posición son los feroces ataques contra los científicos que más claro hablan sobre la gravedad del problema; ignorando que con sus insultos y desplantes a estos académicos, dan origen a una ponzoñosa cadena de bullying y persecución contra quienes no hacen sino cumplir con el riguroso deber científico de decirnos la verdad.</p><p>Un ejemplo es la profesora Kari Norgaard, docente de Sociología y Estudios Ambientales de la Universidad de Oregon, y autora del libro “Vivir en la mentira: Cambio climático, emociones y vida diaria”. Después de que Rush Limbaugh la llamara “chiflada” en un discurso y se preguntara “por qué nadie le dice a tipas como esta que es una maniática”. </p><p>En los siguientes días la profesora se vio inundada por cartas, correos y bromas públicas donde la acosan, la ridiculizan y la amenazan; con el agravante moderno del ruin anonimato que permite el internet.</p><p>Igual suerte tocó a Katharine Hayhoe, profesora asociada de Ciencias Atmosféricas de la Universidad Tecnológica de Texas, y autora del libro “Cambio climático: decisiones iluminadas por la fe frente al calentamiento global”. Después de que Newt Gingrich eliminara de su libro un capítulo escrito por ella, y ella expresara públicamente su sorpresa, se desató el bullying a través de cartas, correos y etiquetas en la web donde es llamada desde prostituta nazi hasta “climatimbécil” y otras perlas.</p><p>Pero la verdad es aquella que cada vez más se visibiliza a sí misma: que nuestro planeta está entrando en un estado de climatología feroz y virulenta, que si no se atiende con extrema urgencia, va a causar daños irreversibles y pérdidas incalculables en riqueza biológica y vidas humanas. Pero contra toda evidencia, aún no aparecen los líderes políticos que se decidan a tomar al toro por los cuernos.</p><p></p>

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