Verano, sinónimo de incendios forestales

Una vez pasadas las lluvias, los fuegos hacen su aparición. Esta es una realidad innegable en El Salvador y de esto no escapan ni las grandes ciudades, ya que en plena ciudad de San Salvador se han provocado siniestros en barrancos y predios baldíos.
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La gente tiene la costumbre de quemar lo que sea y donde sea, desde hojas secas hasta llantas y envases plásticos.

A nivel nacional, miles de hectáreas tanto de bosque como de matorrales –ojo, no maleza– se pierden cada año y con ello también muchas especies de fauna silvestre que ahí habitan. Los fuegos arrasan nuestra riqueza natural y diezman la productividad de los suelos, además de contaminar con gases de efecto invernadero el aire.

La quema de la caña de azúcar para cosecharla es un detonante que agrava la crisis, ya que mueren quemados cientos de animales que buscan refugio dentro del cultivo. De igual modo las quemas en cañaverales constituyen un riesgo latente que los fuegos se pasen a propiedades colindantes.

El Salvador tiene una larga y triste historia de incendios forestales. Entre los más recordados están las quemas simultáneas en diferentes áreas naturales como Montecristo, El Imposible, Nancuchiname y otras a finales de los ochenta; las quemas en el volcán de San Miguel en 1997; el incendio en el páramo (vegetación de altura) del volcán de Santa Ana en 2008 y los incendios del volcán de San Salvador en 2013, 2014 y 2015.

Sobresale como mudo testigo el Parque Deininger que es un caso emblemático. Este lugar quizá ha sido el mayormente quemado en el país en los últimos años, siendo el más reciente el que se dio en febrero de 2015 cuando se quemó más de la quinta parte de este bosque.

Ciertamente los incendios forestales han sucedido, están sucediendo y seguirán sucediendo si no existe una coordinación interinstitucional efectiva entre todas las instancias involucradas en esta temática. Entiendo que hay planes de prevención, existen además programas de capacitación y se ha entregado mucho material y equipo para sofocar incendios a brigadas y cuerpos de socorro, pero realmente ¿por qué los incendios siempre ocurren? Es algo que vale la pena preguntarse.

La Ley Forestal autoriza quemar siempre y cuando sea dentro de las actividades silviculturales. He aquí un detalle, ¿quién controla o vela porque esto se esté dando adecuadamente? Así también, ¿quién regula que no se sofoquen colmenas o que no se saquen animales de sus guaridas con humo y fuego? Estas prácticas son causantes de incendios y ocurren diariamente.

Realmente nos encontramos ante un problema muy complicado que no es nada fácil manejar. Hay que trabajar estratégicamente.

Una medida a implementar es elaborar un registro de todos los incendios de los últimos cinco años y documentar detalladamente cada evento, para monitorear cuáles son los puntos reincidentes y sobre esas zonas trabajar de forma más focalizada.

Dentro de toda esta situación, el papel de los gobiernos municipales es crucial de acuerdo con la Ley Forestal y todo siniestro debería de ser canalizado a través de ellos. Además de que toda persona que tenga conocimiento de un incendio tiene la obligación de notificarlo.

Además, para ir buscando frenar este problema, una vez ocurrido un siniestro, se debería de montar dispositivos para encontrar a los causantes y procesarlos. Solo sentando este tipo de precedentes es que se irá controlando esta problemática.

No más incendios forestales, porque destruyen nuestra biodiversidad. Hagamos conciencia.

Tags:

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