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Visión País: en el confinamiento

Como la cigarra nos hemos pasado los veranos cantando sin pensar en los inclementes inviernos.

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Rafael Rodríguez Loucel

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Después de haberse iniciado el dos veces veinte no precisamente con petardos como nuevo año, sino con una epidemia, no silo en el caso de El Salvador, sino del mundo entero, la realidad para los que no querían verla afloró en este pequeño país; su vulnerabilidad se puso en evidencia en diferentes facetas: sus debilidades económicas (según el FMI un decrecimiento del -5.44 % para este año -el Dato LPG), su endeble infraestructura, su cruda realidad social, la falta de previsión y acierto en el manejo de crisis, su inmadurez política; todo quedó al desnudo, como ya lo he afirmado en otras ocasiones El Salvador Profundo o el verdadero rostro del país brotaron.

Después de muchas décadas, varios terremotos y un huracán, para usar de referencia el tiempo y los fenómenos naturales, cuando pudiéramos decir después de varios períodos de gobierno y varios partidos en el poder, un nuevo desastre natural nos vuelve a encontrar sin vestiduras y la piel expuesta al aire, por no haber fijado el rumbo país con objetivos nacionales y haber navegado por varias décadas como una pequeña embarcación a los dictámenes del viento en una práctica de improvisación y de actuar reactivo espantosa.

Planes voluminosos ha habido, a principios de los sesenta, que eran de un grosor impresionante, capaces de servir de cuña para evitar que los vientos cerraran las puertas de un solo y fuerte golpe, pero que además contenían objetivos claros, como eran un crecimiento sostenido, una mejor distribución, una diversificación de las bases productivas y exportadoras ente otros, los cuales todavía siguen siendo inspiración de planes recientemente elaborados. También se mencionaba, la traída y llevada Integración Regional.

¿Qué nos ha pasado entonces? Será que como la cigarra nos hemos pasado los veranos cantando sin pensar en los inclementes inviernos, a diferencia de las hormigas (otros países) que trabajaron siempre previendo tiempos malos. Después de un montón de años que el café dejó de ser rentable, que el resto de exportaciones también dejaron de ser rentables y que la cruda realidad es que dependemos en el mediano plazo, de las donaciones y de las remesas familiares. Y ahora después de la pandemia ¿qué vamos a hacer, se preguntará el lector? Que el PIB a precios constantes de este año con seguridad experimentará un decrecimiento inimaginable, que cae el valor de bonos. La lista el lector la podría continuar…

¿Qué hacer, se preguntarán? Una canción de cuna para dormir a la sociedad entera. Recetas mágicas tampoco. Si lo que se busca es una viabilidad como sociedad en un futuro incierto, ensayemos de una vez, por todas: el rumbo o la visión país. Qué somos y qué queremos ser como PAÍS o como NACIÓN, no como empresa particular (El Salvador S. A. de C. V. ), ni en función de intereses privados (con una reducida junta directiva), tampoco definida por políticos en una trasnochada sesión.

Tiene que ser un ejercicio realizado por connotados ciudadanos convocados por el presidente, buscando un consenso nacional y la voluntad política de definir "urgentemente" la visión país y de querer hacer las cosas mejor. Podríamos administrar la crisis, hacer de esta última una oportunidad, buscar eficazmente opciones de cambio y volver a tener fe y esperanza. No solo considerar estos meses simplemente como de calamidad mundial. Este confinamiento tendrá que ser identificado como como un suceso que propició una revisión integral del comportamiento humano salvadoreño.

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