Visita providencial

Es un jubilado parcialmente ciego. Vive solo, en una casucha en el extremo de la vereda que alguna vez fue asfaltada.
Enlace copiado
Enlace copiado
Esta mañana ha despertado con una extraña forma de energía, que ya ni siquiera recordaba como experiencia de otro tiempo muy distante. Está sentado en el umbral del remedo de puerta que da acceso al habitáculo desprovisto hasta de lo más elemental. De vez en cuando pasan animadamente unas señoras caritativas que reparten algunos víveres y ciertos artículos básicos. Sí, ahora asoman dos de ellas por ahí, pero esta vez no traen nada en las manos. ¿Será que se habrán cansado de atender a los que más lo necesitan? Se acercan, haciendo escala frente a algunas puertas. Cuando llegan a la puerta del que apenas las distingue entre la bruma de su ceguera, se detienen ante él, y él empieza a sentir que algo le sube desde el interior hacia las pupilas. “Hola, don Anselmo, venimos a desearle feliz Año Nuevo. Después le traeremos algo más. Ahorita, sólo el buen deseo, a la luz de la Providencia”. Y él descubre entonces que lo que venía subiéndole por dentro era esa luz. Y de pronto lo distingue todo a su alrededor con nitidez perfecta.

Lee también

Comentarios

Newsletter