Voluntad ciudadana

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Colaborador de LA PRENSA GRÁFICAUn alto porcentaje de salvadoreños supone que las cosas seguirán igual después de las próximas elecciones. Eso significa, entre otras cosas, que miles de connacionales desconfían de los presentes y futuros gobernantes. El descrédito de los políticos partidarios es un fenómeno mundial. El caso salvadoreño llama la atención porque el desencanto ciudadano se produce luego de una guerra civil y a veinticinco años de la firma del Acuerdo de Paz (1992), y a ocho años de la alternabilidad en la Presidencia de la República por la ruta electoral (2009).

Dos hechos vuelven compleja la situación salvadoreña: (1) la estratagema de polarización que implementan los dirigentes de los partidos políticos mayoritarios, y (2) los potenciales efectos socio-familiares y económicos de las medidas antiinmigrantes de la administración estadounidense (una cuarta parte de los salvadoreños vive en EUA y envía remesas anualmente por aproximadamente cinco mil millones de dólares).

Los desaciertos de los gobiernos de turno hacen que un número creciente de electores no se sientan representados por sus gobernantes y se niegan a seguir depositando el destino del país en pocas manos (centralismo). Se expande, entonces, la idea-fuerza de que el futuro de El Salvador depende de la lucha cívica. Prueba de ello es que miles de compatriotas saben que las elecciones son positivas pero insuficientes. Esto explica el crecimiento del número de connacionales que piensa que la democracia es más que ir a votar. Consecuentemente, es conveniente que los jóvenes y adultos desarrollen actitudes democráticas como las siguientes para superar la polarización ideológica-partidaria y tener un buen gobierno.

Actitud 1. Decir NO al odio y rechazar a sus promotores. Dos acciones positivas: (1) una campaña cultural de carácter permanente de valores democráticos (tolerancia, respeto mutuo y solidaridad), y (2) una estrategia para convertir a la familia en la principal institución social.

Actitud 2. Participar en temas de interés nacional. La clave está en que la voz ciudadana presione y haga que los tomadores de decisión se inclinen a favor de la separación de poderes, transparencia y aplicación efectiva de la ley.

Actitud 3. Decir SÍ a los candidatos que expliquen cómo y con qué recursos van a cumplir las promesas electorales. Los gobernados están hartos de la retórica ideológica y demandan que los futuros gobernantes presenten propuestas técnica y financieramente viables.

Actitud 4. Apoyar a los candidatos que se comprometan con la cohesión social a través de la cooperación pública-privada y el desarrollo local. Es decir, la voluntad ciudadana debería manifestarse a favor de medidas que mejoren la calidad de vida de sus comunidades.

Conclusión: los salvadoreños viven una difícil situación y solo ellos pueden –por medio del voto, acciones democráticas y luchas cívicas– cambiar o ratificar a sus gobernantes y las políticas públicas. Es decir, la voluntad ciudadana es la que puede sacar adelante al país. Ante semejante reto, El Salvador demanda ciudadanos comprometidos con la lucha contra las causas determinantes de la violencia delincuencial (exclusión social, corrupción, criminalidad, desempleo e impunidad), y a favor de que (1) la familia sea la principal institución social, (2) el rescate de la escuela pública y (3) la dignificación del trabajo.

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