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Voluntad, para el país que queremos

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Por Sara Mejía R. Coautora de El País que viene

A través de los años que he vivido y las experiencias que he tenido me he ideado un sinfín de metas y objetivos que he podido conseguir y otros tantos que no he logrado, pues como mujer joven me encuentro con obstáculos y barreras que no me lo han permitido, pero es mi voluntad la que me mueve a seguir trabajando por cerrar esas brechas que me distancian de lo que anhelo lograr.

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La mayor riqueza de El Salvador es su gente. En ese sentido, considerando que la población salvadoreña es joven, con un 64 % aproximadamente de personas menores de 35 años; y de mujeres que representan más del 52 % de la población, es de gran importancia empoderar el rol activo que desempeñan las mujeres y los jóvenes en la construcción de la sociedad, lo que requiere de la voluntad de cada persona que anhela la transformación de El Salvador en un mejor país, pero sobre todo de aquellos que son actores principales en la toma de decisiones y en la conducción del Estado y que tienen la capacidad de elaborar políticas públicas de juventud y equidad de género, que permitan el empoderamiento y las oportunidades de desarrollo para estos sectores.

Se han creado muchos instrumentos jurídicos dirigidos a tales núcleos poblacionales mayoritarios, leyes que se construyeron sobre la base de consultas con asociaciones de jóvenes y mujeres, instituciones privadas, públicas y la sociedad civil; los cuales contienen una serie de deseos transformados en propuestas, sin que se cuente con un análisis efectivo sobre su viabilidad para su implementación real y concreta, y también sin que se haya generado los compromisos institucionales necesarios para su correcta aplicación.

Los jóvenes hoy en día viven con mayor sensibilidad que el resto de la población, pues se enfrentan a los grandes desafíos de un mundo globalizado, pero son quienes más reciben el azote de la criminalidad, violencia, discriminación, desigualdad y falta de oportunidades.

Se requiere de insumos, financiamiento, educación, programas especiales y profesionalización entre tantos, para que los jóvenes y las mujeres puedan tener un crecimiento y desarrollo integral y puedan estar empoderados. Además, siguen existiendo fuerzas oscuras que hay que combatir, y que manipulan a la sociedad, puesto que fomentan el descontento, generando un clima de incertidumbre y de inestabilidad en general, y esto trae como resultado el desinterés y la apatía de los jóvenes y las a la política, ya que tales fuerzas que ejercen el poder al verse amenazadas por los nuevos liderazgos despliegan sus bloqueos para impedir su participación, por lo que se vuelve necesario revertir cualquier proceso que impidan el desarrollo de estos.

No podemos ser agentes de cambio si seguimos culpándonos los unos a los otros, si seguimos señalando los errores y minimizando las buenas acciones; si seguimos con pleitos estériles, si criticamos en vez de aportar soluciones, si dividimos en vez de buscar la unidad. Conviene recordar que la responsabilidad del país que deseamos, nos corresponde a todos y cada uno de los que integramos esta pequeña, pero gran nación.

Es tiempo de que busquemos una verdadera reconciliación, que se rompa la brecha de una juventud dividida en lo económico, ideológico y político, porque un país que apuesta por la juventud es un país destinado al progreso y al desarrollo en un futuro.

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