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Voluntad política (II)

Simplificando el concepto: al propósito o la virtud de ceder orgullo o soberbia de una parte en beneficio de los intereses de la otra, resulta que en nuestro medio existen los egocentristas y una inmensa mayoría de simples espectadores que a pesar de que han pagado su entrada anticipadamente (nuevos impuestos) no participan en el juego (deliberaciones) ni tienen voz ni voto, no obstante ser siempre los más afectados.
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Estadísticas sujetas a revisión nos dicen que: 1 % de la población son políticos, el 4 % posee mucha injerencia en los acuerdos y 95 % simplemente está a la espera de los resultados. En ese 95 % existen algunos que comentan y especulan, a veces con cizaña; el resto indiferentes a la política. En ese último segmento caben los que no les interesa el acontecer más allá de su metro cuadrado, los que viven en forma extrema el afán de cada día y los apáticos con exageración o muertos en vida.

Ese comportamiento está altamente influenciado por la extrema falta de educación de los habitantes de un país que actúan a semejanza de los machos de carga (que les ponen sobrepeso, pujan y siguen su camino en forma impresionante). Con esa clientela, da igual que se cambie la moneda de un día para otro o que pueda aparecer un impuesto adicional o un nuevo sistema de pensiones: bien, gracias. Acuerdos llamados madrugones se facilitan y continuamos el camino sin un cambio de rumbo y sin visión de futuro.

La estrategia a largo plazo es un término que a nivel macro-país no hace sentido puesto que no pasa de ser un simple enunciado en planes que no se ejecutan, en el camino se van arreglando las vicisitudes. Terminologías tales como misión y visión son interpretados por los que ejercen política (como modus vivendi), como una forma de hablar de los trasnochados académicos.

En tales circunstancias, organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, que supuestamente vela por la estabilidad financiera de los países y que muchos lo asocian como uno de los guardianes o abanderados del liberalismo económico, se vuelven circunstancialmente apropiados. Se convierten accidentalmente en mediadores, pero en la práctica con voz, voto y con la llave del financiamiento, contrarrestando un potencial desenlace de mucha incertidumbre en una politiquería y polarización ridícula.

Un ajuste fiscal ineludible es lo que está en juego porque el problema no es de caja o de iliquidez pasajera, se trata de algo estructural y de insolvencia. Un default o impago afectará a todos, aun a esos que no opinan, no votan y que no saben lo que acontece. Todo por una razón: cuando los técnicos o versados hablaban de un pacto fiscal o de arreglos con el FMI, esos los que deciden, los corruptos de entendimiento, los que decían que los técnicos solo sirven para diagnosticar dramas o tragedias y no para brindar soluciones, tendrán que optar en el presente por un parto doloroso.

Y es que en la vida no hay almuerzo gratis, alguien tiene que pagar la cuenta y ahora se trata de un apretón del cinturón con “voluntad política”, puesto que esta vez se pagará con votos, con impuestos y con reducción del gasto, independiente que los políticos infatuados no hicieron caso por décadas al refrán “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Cosecharán lo que han sembrado. Por los intemperantes y soberbios, la voluntad política forzada tiene que ponerse a prueba. Y al parecer agotando fuentes: alza de tarifas, reducción del gasto y el retorno de añejos impuestos.

Tags:

  • ajuste fiscal
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