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Voluntariado: amar y servir

En la actualidad aún persiste la idea de que ejercer ciudadanía y participación se reduce al acto de practicar el deber y derecho a votar en elecciones.
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Esta es una forma de participación electoral muy importante, pero debemos avanzar en la superación de paradigmas. Comprender que también se realizan mediante acciones que van más allá de involucrarse indirectamente en asuntos importantes del país.

Una manera de incidir de forma directa y activa en las problemáticas del país es el voluntariado. Para TECHO, esta iniciativa es una forma de ejercer la condición de ciudadanos, a través de la participación y compromiso asumido con la causa que nos mueve: la superación de la pobreza en asentamientos vulnerables. Es mediante estas acciones que como jóvenes promovemos el desarrollo sostenible y la inclusión de quienes por la injusticia y la ausencia de oportunidades se encuentran privados de dimensiones que garantizan una vida digna como: vivienda, empleo, seguridad, educación y salud. El voluntariado en TECHO, en palabras de Felipe Berríos, quien fue nuestro capellán, significa “una oportunidad de descentrarse de uno mismo y descubrir que estamos hechos para amar y servir”.

En el contexto del Día Internacional del Voluntariado, a celebrarse el 5 de diciembre, desde TECHO deseamos reconocer y aplaudir a los más de 900 mil jóvenes, a nivel latinoamericano, que han decidido asumir un compromiso por una región más justa. De igual manera, a los más de 20 mil voluntarios y voluntarias que durante 15 años han formado parte de los proyectos y programas que hemos desarrollado junto a más de 125 comunidades en El Salvador.

Nuestro aplauso busca rendir tributo al compromiso de construir un desarrollo sostenible para las personas. Más allá de un tema de altruismo, heroísmo o filantropía, el voluntariado se ha entregado a las comunidades movidos por construir un mundo mejor para todos, reconociendo que su labor se complementa con valores como excelencia, optimismo y diversidad.

Son cientos de historias las que el voluntariado reúne. Una de ellas es la fuerte amistad entre los niños de comunidad Los Amates en Santa Tecla y el voluntariado que ha implementado el Programa de Acompañamiento Escolar de TECHO. Como Carlitos, un niño de cinco que durante una jornada de trabajo nos decía: “Una de las cosas que cambiaría de mi vida es que los de TECHO vengan más seguido, porque cuando vienen jugamos”. Y no importa finalmente si la acción conlleva a la construcción de una vivienda o a compartir un momento de aprendizaje y juegos. El voluntariado, en definitiva, transforma realidades y vidas.

Para aquellos que se preguntan y cuestionan cómo construir un mejor El Salvador, el voluntariado es una invitación abierta y una oportunidad para disponer de nuestras energías y capacidades. Seamos voluntarios desde donde nos encontremos. Si sumamos toda nuestra voluntad para superar las problemáticas del país lograremos grandes transformación. Trabajemos juntos en la construcción de un país justo y sin pobreza.

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