Volver a confiar dando segundas oportunidades

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Existen suficientes evidencias de que la educación de calidad es la que llevará a una población a aprovechar las oportunidades de la cuarta revolución industrial, que combina tecnología, conocimiento y servicio. Pero una sociedad cínica y pesimista no permite la educación del carácter de los jóvenes, la que solo se produce en un clima de generosidad y de confianza, para que aprendan las habilidades necesarias para ser exitosos en un ambiente laboral global.

Una de las características de los países desarrollados es el alto nivel de confianza de parte de la ciudadanía entre sí y en las instituciones del Estado. Por el contrario, una de las particularidades de las naciones poco avanzadas, como la nuestra, es la escasa confiabilidad entre connacionales. “Mientras no se recupere la confianza, no habrá progreso social posible: esto puede conseguirse en relativamente poco tiempo si quienes dirigen la sociedad tienen un efectivo liderazgo moral, pero puede llevar siglos si (como ocurre tantas veces) los gobernantes son corruptos, buscan su provecho personal o, simplemente, son incompetentes. Las sociedades populistas y algunas formas del capitalismo primitivo erigieron como norma suprema de la vida social el control. Pero todos sabemos que mediante el control solo no hay progreso, sino que en todo caso lo que hay es simple inercia. Por supuesto, quien no mide, no mejora... Pero las economías progresan no por el control, sino por la confianza, esto es, por el trabajo en equipo, por el fiarse unos de otros, lo que no excluye, sino que exige, la corrección y censura de quienes abusen de esa confianza. Considerar que lo que quieren los demás es, sobre todo, engañarme u obtener ventaja de mi ingenuidad es un error acerca de los seres humanos y acerca de nuestra manera de lograr una vida buena” (Fuente: Jaime Nubiola, filósofo).

El Salvador no va a progresar ni fortalecer su democracia si seguimos pensando que todo el mundo (mi vecino y los líderes políticos, sociales o comunitarios) es egoísta y busca solamente su mezquino interés en lo que hace. Esta actitud cínica que está padeciendo la ciudadanía, tanto local como internacional, lleva a juzgar a los demás y presenta el peligro de empobrecer la vida de las familias y de las sociedades, porque se mira al prójimo siempre de reojo, con desconfianza enfermiza, negativismo y recelo.

Los expertos en educación familiar y organizacional nos presentan algunas ideas para facilitar un clima de confianza a nuestro alrededor: “Más vale ser engañados alguna vez que educar en un clima de desconfianza o de control policíaco. Es importante también superar la aprensión, los miedos, ya que a veces no se logra descubrir la maravilla de la confianza, y esta se necesita para poder perdonar, siendo generoso en conceder oportunidades de enmendarse. A veces somos rígidos porque estamos inseguros. La desconfianza está detrás de los resentidos que, después de recibir una herida, están decididos a no volver a confiar. Detrás de los solitarios, de los desamorados. De los viejos que se esconden desconfiados porque piensan que ya no valen para nada y todos les desprecian. De los enfermos que piensan por sistema que nadie les comprende. De los jóvenes que ven a los mayores como gente que jamás les podrán entender. De los tímidos que se encierran dentro del propio corazón por miedo a abrirse” (Alfonso Aguilò, profesor de filosofía, autor del libro “Educar el carácter”).

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