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Volver a la enseñanza de la Moral, la Urbanidad y la Cívica dentro del sistema educativo es un aporte indispensable para el mejoramiento de la vida nacional

Esta asignatura deberá enfocarse a promover una salvadoreñidad más sana y más constructiva, dentro de la visión que aporta la cultura de paz que tanto bien puede hacernos en medio de tantas adversidades, distorsiones y desafíos. Como el tema no es nuevo ni mucho menos, habría que revisar experiencias del pasado, muchas de ellas cargadas de sabiduría y de inspiración.
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El Ministerio de Educación ha anunciado que está prácticamente todo listo para que la asignatura de Moral, Urbanidad y Cívica vuelva a enseñarse en el sistema educativo, como lo fue por tanto tiempo hasta que erróneos criterios reformistas la sacaron de ahí, en la segunda mitad del pasado siglo. Este retorno va vinculado con la necesidad de fortalecer la construcción de ciudadanía, a partir de un ejercicio formativo en valores que, de hacerse en la forma debida, irá haciendo posible que los salvadoreños podamos vivir en un ambiente humano efectivamente renovado, en el cual la convivencia pacífica asuma el rol que le corresponde dentro de una sociedad que necesita modernizar todas sus estructuras en función de un presente renovado y de un futuro promisorio.

Esta asignatura deberá enfocarse a promover una salvadoreñidad más sana y más constructiva, dentro de la visión que aporta la cultura de paz, que tanto bien puede hacernos en medio de tantas adversidades, distorsiones y desafíos. Como el tema no es nuevo ni mucho menos, habría que revisar experiencias del pasado, muchas de ellas cargadas de sabiduría y de inspiración.

Traemos aquí a la memoria lo que pasó al respecto en 1913, hace más de un siglo. El Ministerio de Instrucción Pública de la época, al frente del cual estaba el doctor Francisco Martínez Suárez, estableció y reglamentó la enseñanza de la Instrucción Cívica y de la Moral Práctica y Social. En función de ello se convocó a un concurso para escribir una obra de texto que desarrollara los temas contemplados en la asignatura. Ese concurso lo ganó el doctor David J. Guzmán, con un libro verdaderamente ejemplar, que fue publicado en 1914. Y el ilustre doctor Guzmán se proponía que su obra no sólo sirviera en la cátedra, dentro de todos los niveles educativos, aun los universitarios, sino que pasara a ser lectura ciudadana generalizada. En las palabras introductorias expresa: “Grato me será que este libro sea llevado en el bolsillo como un fiel amigo en los viajes, a través de campos y florestas; hacer parte de la estancia del obrero honrado de los campos o del taller del artesano, para renovar en sus almas aquellas virtudes cívicas y morales que reclama la patria o los sagrados deberes de la sociedad y la familia...”

En aquel tiempo, con perspectiva realmente visionaria y por mandato oficial, la enseñanza de dicha asignatura tuvo un despliegue muy amplio. Y así se estableció en el decreto correspondiente: “Art. 6º. El Rector de la Universidad presentará al Ministerio un plan para que se incluya en los estudios de las Facultades Universitarias un curso de Enseñanza Cívica, como materia obligatoria en la adquisición de cualquier título profesional”. Y en el Art. 7º se decidió: “El Ministerio de Instrucción Pública excitará a la Secretaría de la Guerra para que en las enseñanzas que se den en los diferentes establecimientos docentes del Ejército, se comprenda, como materia preferente, la Enseñanza Cívica, con arreglo a las bases y principios contenidos en las disposiciones precedentes”.

Traemos a cuento tales antecedentes para evidenciar que no estamos partiendo de la nada, pues hay prácticas muy valiosas que deberían tenerse en cuenta para estructurar los conceptos y los programas actuales. Esto tiene que ser parte de un extenso reenfoque de todas nuestras realidades humanas, políticas, económicas y sociales, con miras a darle energías y alientos al compromiso de mejorar al país y de potenciar a su gente.

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